Desarrolla tu mentalidad de crecimiento en 5 pasos.

Mentalidad de crecimiento

¿Has pronunciado alguna vez eso de “yo para esto no valgo”?¿Te da vergüenza apuntarte a un curso de algo relacionado con tu trabajo, porque se supone que “de eso ya sabes”?¿Te da miedo a exponerte sobre un tema de tu sector, por si no das la talla?

Probablemente has respondido que sí a algunas de esas preguntas. Seguramente en algún momento de tu carrera, estos miedos o frenos te han paralizado. Hablamos de mentalidad fija y todos la tenemos, en mayor o menor medida, acechando, hacernos estar a la defensiva o, simplemente, no exponiéndonos demasiado.

dones, talentos y genes

La mentalidad fija, como cuenta Carol Dweck en su libro “Mindset, la actitud del éxito”, es la que cree que cada uno nace con sus capacidades y limitaciones. Y esto, claro, es inamovible, para bien y para mal.

Es decir, que si eres bueno en algo, no hace falta que te esfuerces, porque estarás siempre por encima de la media. Y si eres malo en algo… no te esfuerces tampoco, porque hay poco que hacer.

Pensándolo bien, es inamovible solo para mal.

Porque la realidad es que no nacemos con talento, sino con potencial. Cierto que unos parten de x y otros de “x+n”. Pero el recorrido a partir de ahí, depende de cada uno.

Como dice Javier Tourón, “el talento es un potencial que si no se desarrolla, se pierde.” Y lo dice en el entorno de las altas capacidades, es decir, chicos y chicas de los que más de uno pensará que no tienen necesidad de esforzarse, porque han nacido con toda la capacidad.

Lo que pasa con este perfil o con cualquier otro al que le han repetido demasiadas veces lo bueno que es, el talento que tiene o el don con el que ha nacido, es que fácilmente caerá en la mentalidad fija: aparte de no sentir necesidad de mejora, puede incluso que llegue a no querer exponerse, para no defraudar.

Aquello de “si hubiese querido, lo habría hecho”, no deja de ser una excusa por no haberlo intentado. Siempre es más cómodo y reconfortante esta actitud -aunque sea mentira-, que aceptar que “lo intenté y no lo conseguí”. Por eso nos resulta más reconfortante no exponernos, incluso aunque esta actitud nos limite a un mundo de auto-afirmación constante.

Pero recuerda lo que dicen: al final de nuestra vida, nos arrepentiremos más de lo que no nos atrevimos a hacer que de aquello que intentamos.

No es cuántas veces te caes, sino cuántas te levantas.

Si dejamos el entorno de la auto-afirmación y entramos en el del auto-desarrollo, que es el que nos interesa, entenderemos que hace falta exponerse para aprender algo nuevo.

Con mentalidad de crecimiento no te dará miedo intentarlo, porque entenderás que forma parte del aprendizaje. O sí, te dará miedo, pero lo vencerás porque sabrás que merece la pena.

De hecho, la mentalidad de éxito es la de las cualidades variables, porque es consciente de que consigues lo que te trabajas. Es el desarrollo de la resiliencia. Es la que entiende que el fracaso es un sustantivo, no un adjetivo: fracasar no te hace fracasado.

En el post anterior te hablaba de metodologías de aprendizaje: ¿recuerdas lo que tenían en común todas ellas? Que ponían los conocimientos en práctica lo antes posible. Algunas, incluso empezaban por la práctica para identificar necesidades y errores sobre los que trabajar.

Esto me recuerda a cuando mi hermano aprendió a hacer el salto mortal con los esquís. Sus amigos le preguntaban cómo lo hacía. Y él decía “lo hago, me fijo en por qué no me ha salido y en el siguiente salto lo corrijo”. Por supuesto, en los 3 primeros la caída era considerable. Pero en dos más, casi lo tenía.

Tampoco te digo que tengas que jugarte la espina dorsal, ni mucho menos. Pero a lo mejor sí te sirve para relativizar y entender que, en el fondo, no te juegas tanto 🙂

Trabajar sobre los errores y los tramos más difíciles del contenido o proceso es lo que nos llevará a la excelencia. Lo contrario, trabajar sobre lo que conocemos, nos genera sólo una ilusión de competencia: nos hace sentir que sabemos mucho, pero probablemente acabaremos fallando, porque hay espacios indefinidos en los que somos menos competentes. Y lo somos porque no nos hemos atrevido a afrontar los tramos que no controlamos; y no lo sabemos porque no hemos querido enfrentarnos a ello.

En cambio, cuando aplicamos la mentalidad de crecimiento, cuando somos conscientes del ámbito de mejora que tenemos por delante y cuando esto, en vez de frenarnos, nos estimula, es cuando preguntamos, escuchamos, colaboramos y estamos motivados para seguir avanzando y superando obstáculos.

Angela Duckworth llegó a la conclusión, después de estudiar a perfiles tan variados como alumnos de primaria, vendedores de éxito, cadetes en la academia militar o concursos de talento literario, de que lo que hace que alguien prospere no es ni el talento ni el CI, sino la perseverancia, la resiliencia y la motivación. (Te dejo un vídeo al final del post: 6 minutos donde lo explica maravillosamente bien.)

¿Cómo desarrollar entonces una mentalidad de crecimiento?

Sabiendo que la mentalidad de crecimiento es la que nos permite aprender y nos lleva al éxito, ¿cómo la podemos potenciar? ¿Cómo podemos evitar caer en la mentalidad fija?

  1. Convéncete de que puedes llegar más lejos de lo que crees.

Cierto, igual no llegamos a ser el número 1, pero siempre llegaremos más lejos con esfuerzo que con talento.

Piensa que lo que te separa de ese otro profesional, experto en tu sector, probablemente sean las horas de dedicación y aprendizaje, tanto en contenido, como en exposición a entornos fuera de su zona de confort, para vencer miedos.

Para creértelo e interiorizarlo, te sugiero que investigues (o converses, si le tienes cerca y accesible) con quien sabe más que tú, con quien ya ha llegado donde tú querrías estar. Pídele, si se da la ocasión, que te oriente, que te mentorice. A partir de ahí, traza tu propio camino para personalizarlo con tu perfil, pero nunca para ahorrarte tiempo.

2. Márcate un objetivo y disfruta del camino.

Llega a tu destino con la mochila llena de aprendizajes y actitud. Las dos van de la mano. Porque la voluntad de aprender es una actitud de humildad, de aceptación de lo que te falta saber. Y esto no significa que no sepas. Al contrario: cuanto más aprendas, más consciente serás de lo que te falta por aprender.

Igualmente, la actitud te permitirá equivocarte sin juzgarte, además de aprender cuando te equivoques; es decir, tomarlo como aprendizaje, nunca como equivocación final.

Cuando se ensalza el fracaso como medio para aprender, es porque en la reflexión acerca del error está el verdadero aprendizaje. Lógicamente, si simplemente te levantas y sigues, sin pararte a pensar en por qué te has equivocado, volverás a tropezar y será con la misma piedra. Ahí, ya deja de tener sentido equivocarse.

Y recuerda que el destino es sólo un hito: cuando llegues, márcate un objetivo un poco más lejos, para poder seguir caminando.

3. Atrévete a salir de la zona de confort.

No hace falta que saltes al vacío, ni que vivas constantemente en un estado de incertidumbre, pero tampoco te acomodes en lo fácil: fuérzate un poco para asegurar que no estás usando tu mentalidad fija.

Hay matices y versiones interesantes sobre zona de confort / de crecimiento / de aprendizaje, que cuestionan esa invitación constante a salir de la zona de confort, por ejemplo. O que entienden que el área de aprendizaje está entre la zona de confort y la zona de pánico, donde uno se paraliza. Y otras teorías defienden que hay que pasar por área de miedo para que haya aprendizaje y, desde ahí, crecimiento.

En cualquier caso, entendiendo el enfoque de cada una de las teorías, lo que me parece interesante es, por un lado, estar cómodos pero nunca apoltronados. Y, por otro, mirar -y transitar- de vez en cuando fuera de esa zona en la que nos sentimos cómodos. Esto nos ayudará a seguir creciendo y de paso, ampliar la zona de confort cuando volvamos a ella.

4. Mantente en Beta constante.

Nunca te dés “por completado”, porque entonces es cuando dejas de mejorar. Y esto, en los tiempos que corren, es poco recomendable: imposible saberlo todo, imposible estar al día, si no aprendes de forma constante.

Avanza con pasos pequeños pero seguidos. En la era de las metodologías ‘agile’ y del enfoque ‘lean’, define tu producto mínimo viable y avanza. Y hazlo sabiendo que te vas a equivocar, sí: pero si avanzas rápido y a pasos pequeños, también te equivocarás antes y en pequeño. Subsanable. Seguro.

Enmarca o ponte de fondo de escritorio la frase “mejor hecho que perfecto”. Recuerda que la parálisis por análisis es un callejón sin salida.

5. Ama el feedback.

Al finalizar mis clases en la universidad, el último día siempre lo dedico a recibir feedback. Lógicamente, empiezan siempre por lo bueno, porque no se atreven a decir lo que no les ha gustado. Pero siempre les “fuerzo” a decirme lo que no ha funcionado: hablar de ámbitos de mejora (‘qué mejoraríais’), es más fácil que hablar de ‘lo que no os ha gustado’. Sobretodo porque a veces se trata de esto: de elementos que, sin haber estado mal, se pueden mejorar.

Si aún así no se atreven, me anticipo y les expongo áreas que yo veo que se podrían mejorar y les pido opinión. Ese día me sirve para, junto a mi propio análisis, mejorar para el curso siguiente. Y espero que, aunque sea sólo un poco, les sirva a ellos para perder el miedo a recibir feedback.

Te invito a que hagas lo mismo cada vez que te expongas. Cuando recibas un No, tómalo como un elemento constructivo que te ayuda a mejorar. No te están juzgando a ti, sólo están ayudándote a mejorar. Incluso cuando no sepan hacerlo con las mejores palabras 🙂 Cuando cometas un error, aprende de él como del mejor de los maestros. Pregunta, pide opinión, acepta la crítica constructiva.

Y cuando haya ido bien, no te conformes con una aprobación: busca las áreas de mejora. Recuerda que lo bueno a veces es enemigo de lo excelente, como defiende Jim Collins en su libro “From Good to Great”.

La mentalidad fija hace que te preocupes por si te juzgan; la mentalidad de crecimiento hace que te preocupes por mejorar.

 

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