La situación actual, estarás de acuerdo conmigo, nos ha forzado a vivir en el aquí y ahora. No sabemos cuándo podremos, por fin salir; nos van alargando poco a poco el tiempo de confinamiento, como si así doliera menos. Y mucho menos sabremos cuándo se volverá a la normalidad; podemos hacer predicciones, pero nadie sabe con certeza cuándo terminará el peligro de contagio. 

El mundo en beta

El mundo queda a la espera de qué pasará. Hay cierta sensación de cambio global que permanecerá cuando esto acabe. Lo que no sabemos, es hacia dónde iremos o en qué se traducirá lo que estamos intuyendo “desde dentro”. 

Oía el otro día que, en momentos de disrupción, tan importante es lo que cogemos como lo que dejamos. Básico para definir cómo queremos avanzar. ¿Qué vamos a dejar de hacer? ¿Qué vamos a empezar a hacer? 

¿Reduciremos el consumo exagerado e innecesario? ¿Redefiniremos el término “globalización”? ¿Veremos una mayor colaboración ciudadana? ¿Un mayor cuidado del planeta? ¿Daremos a la ciencia y la innovación el valor que realmente tiene? ¿Cambiaremos prioridades y valores? 

¿Cuánto estamos dispuestos a cambiar, como sociedad?

Nos hemos dado cuenta de que el planeta está más tranquilo si nosotros estamos quietos: menos contaminación que nunca, animales acercándose a ámbitos urbanos…

La tecnología nos ha mostrado que en momentos de aislamiento, nos une. Nos permite, básicamente, seguir funcionando y avanzando. 

La ciencia, en el centro del mundo: investigación para acabar con el virus, atención médica para atender y curar a quien se contagie. 

Pero también fake news circulando más que nunca. Hackers atacando plataformas que son casi esenciales ahora mismo. 

Como propone Ramón Jáuregui en Diario Responsable, “hagamos que sea una destrucción creativa.”

Empresas en beta

En el momento en que hemos empezado a consumir sólo lo esencial, la economía se ha parado. Da que pensar, ¿no?

Ojalá esta crisis ayude a las empresas a entender su papel en la sociedad: esencial, pero tal vez equivocado hasta ahora en muchos aspectos. En este momento Beta, muchas empresas deberían pensar en su función, ya no como vendedores, sino como aportadores de soluciones. Hay una oportunidad para que el foco de las empresas ya no esté en apelar a nuestros “pains” más profundos para vendernos algo que no necesitamos y que probablemente sólo nos calmará carencias que necesitan, en realidad,  otras soluciones. 

Estos días lo estamos viendo: la mayoría de empresas, a la vez que buscan su propia supervivencia, se han volcado aportando sus activos para combatir el virus. 

Inditex ha ofrecido sus fábricas para producir batas sanitarias y sus canales logísticos para traer mascarillas de China. Cantabria Labs ha ofrecido sus laboratorios para fabricar geles hidroalcohólicos higienizantes para el personal sanitario. Room Mate y otros hoteles han cedido sus espacios para alojar al personal sanitario que no quiere contagiar a sus familiares. Y muchos emprendedores han aportado sus servicios y productos para ayudar. 

Tal vez no se trate de consumir menos, sino de consumir mejor. Estos días hemos visto cómo en momentos de crisis, lo que más nos alimenta es el arte, el deporte, la meditación, la lectura y el aprendizaje. Y donde lo que más necesitamos es la investigación, la salud (física y mental), la tecnología, la compañía y la atención. 

Fomentemos más estos sectores, creemos más servicios en esta dirección. Hacen falta, mucha falta. Y hay tarta para todos, que nadie se preocupe. La economía seguiría girando, pero contaminando menos, por la “servitización” de la economía; y además sería una economía que serviría al consumidor, en vez de ser a la inversa como ha sido hasta ahora. Human-centered, pero de verdad.

 

En este momento Beta, creemos empresas al servicios de las necesidades del consumidor, en vez de consumidores al servicios de las empresas. Será una opción win-sin.

Al mismo tiempo, se ha implementado el teletrabajo de forma forzosa para muchas empresas: eso que en algunas parecía algo residual, que se reducía a unas pocas horas por semana en el caso de las más punteras, de repente se ha tenido que implementar en toda la plantilla, para toda la jornada. 

Tal vez algunas empresas descubran que no había para tanto, que el teletrabajo no sólo es posible sino motivador: permite conciliar, además de ganarle dos horas al día, al evitar traslados. 

Otras entenderán la necesidad de un liderazgo transformacional, en el que la motivación venga por poner el foco en el empleado y basado en la confianza. Quizá estos días de videoconferencias, en el que cada uno estaba en su entorno, en su estado más personal, hayamos acercado posiciones, nos hayamos visto, más que nunca, tal como somos. 

En definitiva, a las empresas les tocará ponerse, más que nunca, en modo beta para redifinir, ahora sí, su verdadero propósito; tener muy claro su Para Qué y, por supuesto, sus Cómos.

Las personas en beta

Todos nos hemos puesto en modo beta. Hemos asumido que no hay nada definitivo. Que somos más vulnerables de lo que pensábamos. Que antes lo importante, como es la vida, la muerte y el amor, somos todos más iguales de lo que creíamos.

Hemos aprendido que el primer paso para avanzar, hay que darlo hacia dentro. Hemos tenido que conocernos mejor a nosotros mismos; incluso a pesar de todas las distracciones y entretenimientos a los que se nos ha dado acceso, hemos tenido menos opciones de escape de las que tenemos habitualmente. 

Tener tiempo para nosotros, nos enfrenta a lo que queremos y a lo que no. Y este tiempo, que en algunos casos lo pasado solos y otros gestionando teletrabajo y niños, nos ha mostrado más nítido que nunca con qué disfrutamos y de qué huiríamos ahora mismo, aunque sólo fuera un ratito, si pudiéramos.  Sí, puede que quieras descansar un rato de tus hijos pequeños, porque necesitas un rato de silencio y tranquilidad. O puede que quieras huir de tu pareja, porque 24/7 está resultando demasiado intenso. Tal vez es de tu trabajo, porque ahora que tienes claro lo que es importante en la vida, ya no le ves sentido a lo que haces todos los días. O quizá quieres huir, más que nunca, de la soledad.

Y no te castigues por ello. Lo que sea que sientes, es lícito. Lo importante es reconocerlo para establecer prioridades. Incluso aunque luego no puedas atenderlas como desearías.

Decía Viktor Frankl, en su libro “El hombre en busca de sentido”, que la liberta es ese espacio que queda entre lo que eres, y lo que te sucede. Creo que todos estamos aprendiendo a ser un poco más libres estos días. 

Y, a la vez, estamos descubriendo la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de aportar nuestro grano de arena a un bien común. Como explican en el podcast Curiosidad Radical Buckminster Fuller decía que “en cada momento, cada uno de nosotros es una función activa o pasiva en el universo. Todos tenemos la posibilidad de generar un cambio en el mundo, pero no todos ejercemos esa capacidad.”

Este momento de transformación, en el que todo cambia y se aligera, nos ponemos en modo beta y nos permitimos cambiar, desplegar nuestras posibilidades. De repente, todo parece más difícil y más fácil a la vez. La tecnología nos ha acercado a objetivos -aspiracionales y geográficos- que parecían imposible. 

Te invito a que desde este nuevo entorno, decidas qué quieres empezar a hacer o cambiar que enriquezca tu vida. Y sobretodo, que te plantees: ¿qué harás para mantenerlo, incluso cuando parezca que todo vuelve a la normalidad?

La educación en beta

Ahora sí, toca crear la educación de la que tanto hemos hablado. En este momento en que el mundo se ha parado, podemos ver con más claridad que nunca lo que necesitamos. Como un storyboard, en el que las escenas se agolpan en la pantalla y podemos ver, de un sólo vistazo, qué hace falta para este nuevo entorno en el que nos encontraremos (o al que estamos entrando). 

Por un lado, vemos la necesidad de ser capaces de innovar para hacer frente a un mundo que cada vez cambia más rápido y donde los cisnes negros puede que cada vez sean más comunes. Y esta adaptación será necesaria para hacer frente a nuevas enfermedades, desarrollar nuevas tecnologías que den respuestas rápidas a todo tipo de necesidades y ser capaces de pensar continuamente nuevas maneras de entender el mundo. 

Por otro lado, hoy se hace más evidente que nunca que necesitamos habilidades como la creatividad, el pensamiento crítico, la capacidad de colaborar y de liderar personas -no recursos-. Necesitamos más que nunca una educación que fomente las mal llamadas soft-skills, porque son estas habilidades las que nos hacen personas;  y ya sabemos que la humanización será lo que nos distinga de las máquinas (y permita desarrollar la tecnología que sirva a las personas y no al revés).

La educación ha tenido que adaptarse de la noche a la mañana para implementar soluciones tecnológicas que acerquen el profesor al alumno. Pero aplicar e-learning no significa digitalizar la educación, igual que no lo era cambiar la libreta por un iPad. Digitalizar es cambiar la mirada, el enfoque y la manera de entender la educación. Tal implique pasar de la educación basada en la enseñanza, a la educación basada en el aprendizaje. 

 

Con la crisis, hemos dado cuerpo tecnológico a la educación. Démosle ahora la mentalidad digital que necesita.

Según cómo elijamos que sea este nuevo mundo, deberemos enfocar la educación. O quizá debería decir que según decidamos enfocar la educación, será el mundo que creemos. Porque no, el cole no refleja lo que hay fuera, sino que ahí fuera, en el mundo real, perpetuamos lo que se ha enseñado en el cole.