Del síndrome del impostor a la ilusión de competencia

¿Te pasa que sientes que estás donde estás, por casualidad? ¿Que en realidad no te mereces haber llegado ahí, porque no sabes tanto como los demás creen que sabes? 

Cuando te sientes impostor sin serlo

Probablemente has oído hablar del síndrome del impostor: esa sensación de que no mereces el puesto o el éxito que tienes. No es un trastorno en si mismo, pero sí un malestar emocional que puede afectar la manera en que actuamos. Porque cuando uno sufre el síndrome del impostor, se considera un fraude: siente que está engañando. Esa sensación de “si supieran lo poco que sé…”.

El término lo acuñó Pauline Rose Clance en 1978 después de experimentarlo ella misma y observarlo luego en alumnos suyos. En su web puedes hacer el test para ver si lo sufres y en qué medida. 

Es importante saber identificarlo, porque esta sensación, en un momento en el que tenemos que aventurarnos de forma tan rápida a nuevos entornos y adaptarnos en tan poco tiempo, surge de manera especialmente fácil. 

Sucede sobretodo cuando uno es especialmente autoexigente. Cuando quiere profundizar en cierto tema antes de lanzarse a aplicarlo pero la rapidez en que avanzamos hoy, no permite detenerse mucho tiempo. 

O lo aplica y funciona: ¡zas! Pero si yo no he hecho nada especial para que sucediera…. O sí, pero no lo sabemos ver. No nos damos cuenta de que la capacidad de aprendizaje rápido sucede, sobretodo, cuando tenemos mucho conocimiento acumulado. 

Cuando sabemos aplicarlo, es porque lo sabemos. Siempre podemos mejorar, por supuesto. Muchas veces nos equivocaremos, por descontado. E incluso puede ser que con algunas de nuestras hipótesis haya quien no esté de acuerdo. Pero no por ello sabes menos, ni mucho menos eres impostor. 

La ilusión de competencia

Pero, ¿qué pasa cuando se da lo contrario? Cuando creemos que lo sabemos, pero en realidad no. 

En un momento en el que hay que estar al día, en el que apenas hay tiempo para pararse a aprender, en el que devoramos lo que cae en nuestras manos -o más bien, en nuestras pantallas-, casi sin filtrar; demasiado a menudo nos parece que sabemos más de lo que de verdad sabemos. 

Repetimos modelos, frases, términos que hemos oído y que sentimos que nos dan legitimidad sobre ese tema. En realidad, los hemos leído tantas veces que sentimos que tenemos ese conocimiento. Incluso aunque no tengamos experiencia en el tema.

Y no, no estoy hablando de los que se suben al carro de cualquier tema para dar charlas sobre ello (esos que, exagerando pero para entendernos, podríamos denominar impostores). 

Hablo de cuando crees, honestamente, que lo sabes. Sin pretender ir de nada, pero que consideras que, llegados a ese punto, puede incorporarlo a tu mochila de haberes, porque has leído sobre el tema más que suficiente.

Ahí está la ilusión de competencia: porque que hayamos entendido algo no significa que sepamos cómo utilizarlo o aplicarlo.

En el proceso de lo que consideramos aprendizaje, tenemos muchos momentos “Ajá”, en los que sentimos que todo cuadra, que ya sabemos cómo va. Pero tener el conocimiento va mucho más allá de la comprensión. 

Cómo vencer la Ilusión de Competencia

Define muy bien lo que ya sabes: eso es importante, para no quedarte en esa zona de confort que supone seguir ampliando sobre algo que, en realidad, ya sabemos.

Divide lo que tienes que aprender en fragmentos pequeños de contenido: te ayudará a entender mejor qué hay que aprender y por qué. Además, te permitirá aplicarlo poco a poco y, sobretodo, rápido. 

Ya sabes, el Producto Mínimo Viable del aprendizaje. .

Después de leerlo, visualízalo en tu mente. Y si puedes, compleméntalo con otro formato de contenido, tipo vídeo o podcast, para recibir información o inputs por canales diferentes. 

Créate un mapa mental donde vincular lo aprendido con ideas anteriores: cuando hacemos nuevas combinaciones o cuando somos capaces de transferir el conocimiento a otros ámbitos, ahí podemos decir que estamos aprendiendo. 

Comparte lo aprendido: cuéntalo a un amigo, a tu pareja. Escríbelo en un diario o incluso en un blog. 

Aplícalo en formato “lean”: aprende poco, aplícalo en su justa medida para identificar en qué fallas y dónde necesitas seguir aprendiendo. Cuando lo apliques -sea en un proyecto pequeño o en un test-, sabrás de verdad si lo sabes o no.

Repasa lo que has aprendido: para que tu mente retenga una información, tiene que identificar que es importante. Si se la repites de forma continuada, la identificará como tal y la guardará en la memoria a largo plazo, ese “almacén” donde se guarda la información relevante.

Fases de competencia

Llegados a este punto, para encontrar el equilibrio entre el síndrome del impostor y la ilusión de competencia, deberíamos analizar las fases por las que pasamos en el aprendizaje: desde la ignorancia hasta el conocimiento.  Son las 4 fases de competencia, que definió el psicólogo Noel Burch en 1970.

La primera es la que se denomina Incompetencia Inconsciente: sería esa fase en la que ni siquiera sabemos que no sabemos. Lógicamente, aquí no hacemos nada. Vivimos felices en nuestra ignorancia. O no, porque podemos cometer errores sin saber por qué, que nos generen frustración. 

Después viene la fase de Incompetencia Consciente, que se da cuando tienes que aprender algo de lo que no sabes nada. O cuando sientes que necesitas mejorar o ampliar conocimientos pero no sabes exactamente qué. 

Esta es una buena fase, porque te mueve hacia el aprendizaje. Te empuja a aplicar y a aprender de los errores. Nuestra actitud es proactiva. 

También puede resultar un poco abrumadora, claro, sabiendo todo lo que te falta por saber. Pero una vez nos ponemos a ello, estructuramos lo que necesitamos incorporar y aplicamos un aprendizaje activo (es decir, aprendemos de forma consciente), vamos entrando, sin darnos cuenta, en la etapa de Competencia Consciente: ya sabemos qué nos faltaba y, poco a poco, lo vamos adquiriendo. 

Pero cuidado, porque en los inicios de esta fase es donde se da la Ilusión de Competencia: recuerda lo que te he comentado para evitarla, para poder seguir aprendiendo. Sino, retrocederás en tu proceso y corres el riesgo de volver a la Incompetencia Inconsciente, pero esta vez pensando que sí lo sabes, lo cual es mucho peor 🙂

Por último, cuando incorpores el conocimiento hasta hacerlo tácito, entrarás en la fase de la Competencia Inconsciente. Esa en la que sabes más de lo que crees. 

Para conseguir este estado último hace falta, sobretodo, aplicar tus conocimientos. Adquirir contenido y aplicarlo, de forma faseada y continuada. Aplicar, aplicar y aplicar.

Como todo lo que sabes hacer casi “sin pensar”. 

De bueno a mejor

Así que ya sabes: en tu proceso de aprendizaje, no te conformes. Rétate continuamente para ver cuánto sabes. Haz algo con lo que aprendes, no te lo quedes sólo en la cabeza. Aplícalo, cuéntalo, repítelo, escríbelo. 

Estés en la fase que estés, avanzarás hacia la siguiente, además de evitar la Ilusión de Competencia. 

Y, sobretodo, tomarás consciencia de lo que sabes, evitando también el temido Síndrome del Impostor. 

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