Aprender no es fácil. Motivante, sí. Retador, también. Pero fácil, no. No si aprendemos de verdad, que no es lo mismo que estudiar, ni siquiera leer. Que, por supuesto, con uno y otro se aprende, pero no son aprendizaje por sí mismos, porque este sucede cuando le ponemos intención.

Para aprender hacer falta, sobretodo, actitud.

No sólo para querer aprender, si no para estar dispuesto a no conseguirlo a la primera. Entender que podrá ser difícil, que te equivocarás, que deberás ser persistente. Que si no te equivocas ni te resulta difícil, tal vez no estés poniendo el listón donde deberías.

Actitud de escucha, no sólo de la fuente de contenido “oficial”, sino de todas las voces que te rodean: escuchar, preguntar y seleccionar, pero recogiendo toda la información. Incluso cuando habla de ti. Incluso cuando no te guste lo que dice.

Actitud significa también que tus habilidades no son las que tienes, sino las que desarrollas. Que frente al ver quién eres, puedes definir quién quieres ser, siempre que estés dispuestos a pasar a la acción para conseguirlo.

Actitud es estar dispuesto a desaprender, a soltar lo que te fue útil pero puede que ahora te esté lastrando más que aportando. Volver a la casilla de salida: con más fichas, pero de nuevo al inicio.

necesitarás método para saber cómo aprender.

Incluso antes de lanzarte a la práctica más disciplinada, si no sabes cómo hacerlo, puede que no estés optimizando el proceso como deberías. Y es que para aprender de forma eficaz, la práctica debe ser deliberada:

  • enfocada
  • con mucha escucha
  • dispuesta a corregir todos los posibles errores

La práctica deliberada es empezar por la parte difícil y quedarte ahí hasta que lo tengas tan incorporado que ya no haga falta insistir.

Cuando estudiaba piano, era frecuente empezar a estudiar la partitura por el punto en que se atascaban los dedos, a veces incluso por el final. De este modo, evitaba tocar el principio de la pieza perfectamente e ir perdiendo agilidad y soltura según avanzaba la interpretación. Era más aburrido, porque tocaba insistentemente una parte sin mucho sentido y la repetía hasta la saciedad. Pero cuando por fin salía y lo unía con el inicio de la pieza, había ampliado el número de compases que tocaba con soltura.

el aprendizaje deliberado exige disciplina y valentía

Disciplina porque la práctica es inevitable para afianzar conocimientos. No tienen por qué ser necesariamente las 10.000 horas de las que hablaba Malcolm Gladwell en su libro “Outliers” (y que han sido discutidas y matizadas), pero sí las suficientes como para llegar al nivel de expertise que te propongas o necesites. Insistir hasta llegar a la excelencia en ese nivel. Y sí, puede que alguien llegue a ese nivel antes que tú: no pasa nada, persiste. A veces quien va más lento recuerda más detalles del camino.

El primer paso exige coraje. El segundo, disciplina.

Valentía porque aprende exige salir de la zona conocida. Cuando aplicas la práctica deliberada, te toca dejar a un lado lo que ya sabes, esa parte que te resulta agradable porque te reconforta y te da seguridad. Aprendizaje deliberado implica ir a lo que te cuesta, a lo que no sabes, lo que te resulta incómodo o difícil. El aprendizaje debe desarrollarse desde la intención, observando qué falta por aprender, dónde fallas, dónde puedes mejorar y cómo hacerlo. Y persiste. Habrá ratos en los que puede que quieras abandonar. Donde sientas que eso no es para ti, que es demasiado difícil: recuerda que la dificultad es relativa, pues depende de las herramientas que tengas para enfrentarte a ello. Así que sé valiente y ve a por las herramientas que necesitas.

Puede incluso que sientas que retrocedes, especialmente cuando estás intentado mejorar en algún aspecto o aprendiendo nuevas manera de resolver: el desaprendizaje es a menudo una manera de retroceder para coger carrerilla.

No desistas: activa toda tu mentalidad de crecimiento y enfócate en el proceso. No puedes saber cuánto tardarás, pero sí que cuando lo consigas, serás mejor que cuando empezaste.

No tienes que llegar al nivel más alto, pero sí al máximo aprendizaje dentro del nivel que decidas alcanzar.

Recuerda que si no te cuesta, no estás aprendiendo. Igual que si al aplicar lo que sabes no sientes nervios, no te estás exponiendo lo suficiente.

de la zona de confort a la zona de aprendizaje

No esperes estar a gusto en la zona de aprendizaje. Emocionado, sí. Pero relajado, no. Si te gustan los retos, ponerte a prueba, estarás bien. Pero si estás demasiado tranquilo, tal vez estés, sin darte cuenta, en la zona de confort -con vistas, sólo con vistas, a la zona de aprendizaje.

El objetivo, eso sí, es acabar haciéndote con la zona de aprendizaje, acabar sintiéndote cómoda, relajado. Cuando esto suceda, significará que has cumplido el objetivo, que has aprendido. Habrás ampliado la zona de confort, lo que te dará más espacio por dónde moverte. No sólo en tu área, sino en áreas contiguas, porque cuando sepas cómo mejorar en un área, tendrás bastantes pistas para mejorar en las demás.

Cuando consigues superar la fase de aprendizaje deliberado, obtienes herramientas para identificar y perder el miedo a aprender. Porque cuando aprendes a aprender, subes la barra de tu capacidad de aprendizaje y adquieres la capacidad de saltar más alto. Y desde ahí, estarás más cerca de alcanzar tu máximo potencial. 

Así que, ahora que sabes por qué y cómo, atrévete a aprender.

“No nos da miedo nuestra sombra, sino nuestra luz.” 

Nelson Mandela