Leí hace unos meses en el libro “The Adaptation Advantage”, de Heather McGowan, una idea a la que he estado dando vueltas desde entonces: dice que somos muy buenos cediendo tareas a los algoritmos, pero no tanto definiendo qué haremos con ese rato libre que nos dejan las máquinas, una vez nos liberan de la parte más tediosa de nuestro trabajo. 

Creo que este es un buen punto de partida para definir qué aprender. Algo con lo que me encuentro muy a menudo en mis cursos: cada vez más profesionales saben que tienen que aprender, pero no saben qué aprender. Bien porque hay tanta información y contenido nuevo que no saben por dónde empezar; o por que en el momento en que se encuentran con la posibilidad de elegir, no saben hacerlo. O todavía hay una tercera opción: que parece que cuando hablamos de aprender, tenemos que enfocarnos a tecnología y no es algo que apetezca a todo el mundo, precisamente. 

En cualquier caso, el problema está en que no nos enseñaron a organizar nuestro aprendizaje: nos hemos acostumbrado a que nos digan qué aprender, cómo, cuándo y cuánto. 

Por eso, a la hora de definir qué aprender, te sugiero pensar en cuál es la parte realmente significativa de tu trabajo, aquella en la que generas impacto, la que te motiva de verdad. Donde no operas en modo automático, sino que piensas, sientes y aportas. Esa parte en la que de verdad influye cómo eres, cómo piensas, actúas e interactúas. 

Es decir, aquellas áreas en las que no automatizas, sino que innovas; donde más que conocimientos, aplicas habilidades. Y dentro de estas, más que las técnicas y cognitivas, aplicas las habilidades personales, también llamadas blandas. O soft skills, que me gusta más, porque veo el paralelismo con el software y entiendo que va de mirar hacia dentro, de lo que nos hace ser quienes somos. Que ya no se trata de aprendizaje cognitivo, sino también emocional. Del hacer al ser. De aprender a partir de datos, a hacerlo a partir de experiencias. Del IQ al EQ, de la genialidad a las inteligencias múltiples. De los datos a las emociones, del qué al por qué. 

Así que, si los algoritmos automatizan una parte de tu trabajo… O mejor dicho: cuando los algoritmos automaticen parte de tu trabajo (el condicional ya no procede), ¿qué harás con el tiempo del que dispondrás? ¿Cómo crecerás profesionalmente? 

Las soft skills van de mirar hacia dentro, de encontrar lo que nos hacer ser quienes somos. 

un buen punto de partida para definir qué aprender. 

A partir de aquí, todo parece indicar que deberíamos empezar por entender a ese algoritmo con el que compartimos el puesto de trabajo. Entender qué aporta de nuevo, por qué, cómo lo hace y qué más puede llegar a hacer. Y no para programarlo o ser capaces de desarrollarlo nosotros, sino para saber hasta dónde puede llegar; sólo así podremos ser proactivos, anticipándonos a lo que será, de verdad, nuestro trabajo dentro de un tiempo. 

Lo siguiente, entender qué otras herramientas se están aplicando en otras áreas. Cómo se aplican los algoritmos en otros sectores, cómo se trabaja con los datos, dónde llegará la robotización… 

Leer libros de futuro tipo “Homo Deus” de Yuval Harari o “The Future is Faster than You Think”, de Diamantis. Leer artículos sobre Diseño de Futuros, para aprender a leer señales de hoy que nos pueden ayudar a entender hacia dónde vamos, si nada cambia la trayectoria. 

De nuevo, no hace falta ser un experto en Futuros ni en tecnología, pero sí estar abiertos a entender lo que está sucediendo: porque por más que cerremos los ojos y nos resistamos al cambio, esto no impedirá que el mundo pare. 

Conociendo el entorno que viene, entenderás que muchos de los comportamientos humanos deberán potenciarse para compensar o potenciar el trabajo de las máquinas.

Y dado que la realidad cambia a velocidad cada vez más vertiginosa, con años como el 2020 en que tuvimos 3 años en 1, las habilidades necesarias en las empresas también cambian.

 

Mientras que en el 2015, según el World Economic Forum, las 10 habilidades más demandadas eran, por este orden:

  • Capacidad de Resolución de problemas complejos.
  • Coordinación con otros.
  • Gestión de personas.
  • Pensamiento Crítico.
  • Negociación.
  • Control de calidad.
  • orientación a servicio.
  • Toma de decisiones.
  • Escucha Activa.
  • Y creatividad;

En 2020, ha cambiado el orden y han entrado algunas habilidades nuevas. A saber:

  • Capacidad de Resolución de problemas complejos: esta no cambia, dado que las situaciones a las que nos enfrentamos vienen provocados por una combinación de factores cada vez más alambicada.
  • Pensamiento Crítico: escalando posiciones, probablemente debido al auge de las fake news y el exceso de información al que nos exponemos.
  • Creatividad: sin duda, la gran diferencia desde el 2015 ha sido esta habilidad, cada vez más necesaria.
  • Gestión de personas.
  • Coordinación con otros: esta necesidad de coordinar, mucho más cerca de la gestión de personas, para mí es una señal de lo que hablamos cuando se trata de gestionar personas.
  • Orientación a servicio y toma de decisiones, se intercambian los puestos pero no varían significativamente.
  • Negociación pierde puestos, tal vez por el concepto de negociación con una visión más competitiva con la que hemos trabajado hasta ahora.
  • Flexibilidad cognitiva: entre en juego la capacidad de aprendizaje y de desaprendizaje.
  •  

Por eso, las soft skills deben entenderse también como un conjunto: es decir, todos estos elementos pueden hacernos mejores profesionales si sabemos desarrollarlos. Pero también hay que entender que como habilidades personales que son, las tenemos innatas. Sólo, tal vez, un poco adormecidas.

Debemos despertarlas todas, porque esto significará que no intentamos ser como las máquinas, sino precisamente diferenciarnos de ellas. 

Luego, en función de lo que se requiera, iremos profundizando en unas u otras y las combinaremos

 

Así que lo que cambia año a años no son las habilidades en sí, sino en cómo las combinamos, trabajamos y aplicamos.

¿CÓMO DESARROLLAR ESTAS HABILIDADES?

Creo que, dado que las habilidades blandas son, por su naturaleza, habilidades de la persona, la manera de aprenderlas es diferente a otras habilidades más técnicas, por ejemplo. 

Aquí, los pasos a seguir deben ser: 

1. Conocer. El qué.

Como te comentaba antes, te sugiero leer, primero, para entender de qué hablamos cuando hablamos de ética; a qué nos referimos por pensamiento crítico o qué significa gestionar personas. Sólo entendiendo bien los conceptos, podremos empezar a hacernos las preguntas  para entender qué podemos realmente aportar. 

2. Despertar. El para qué. 

Una vez entiendas el qué, explora el para qué. Qué te inquieta, qué te enfada. Para esto, deberás mirar hacia adentro: recuerda aquello de “Si miras hacia fuera, sueñas. Si miras hacia dentro, despiertas.”

Pues eso: mira hacia dentro para despertar tu esencia. Desde ahí te será mucho más fácil incorporar esas habilidades dormidas. 

3. Auditar. El cuánto.

A partir de aquí audita tus habilidades. Analiza de cuántas tienes consciencia, cómo las usas, cómo las puedes mejorar. Autoevalúate de forma continua; sin castigarte, pero observándote. No te juzgues, pero sí acompáñate. Aprender para enseñarte. 

4. Escuchar. El cómo.

Pregunta a tu alrededor, pide feedback. No te sientas expuesto, sino aprendedor. Busca referentes y pregunta: es la mejor manera de aprender. 

 

Y mientras desarrollas  tus soft  skills, plantéate cómo vas a ser más persona, ahora que tienes una máquina ayudándote.