O del 'qué aprendemos' al 'cómo lo aplicamos'

En la era del conocimiento, el objetivo del aprendizaje estaba en la retención y transferencia de contenido. La aplicación y el impacto de ese conocimiento no entraba dentro de lo que considerábamos, necesariamente, saber. En realidad, si el conocimiento se transmitía era suficiente, incluso si no solucionaba nada en particular. 

Pero en la era del aprendizaje, se espera mucho más que conocimiento: se necesitan habilidades, que viene a ser lo que desarrollamos cuando aplicamos lo que hemos aprendido. Los ingleses hablan de ‘learning’ versus ‘skilling’. En castellano todavía no tenemos un verbo específico para el desarrollo de habilidades. Tal vez porque todavía no somos conscientes de la importancia de saber aplicar aquello que conocemos. 

De qué hablamos cuando hablamos de habilidades

Cuando aplicamos también estamos transfiriendo conocimiento, pero lo hacemos con otra intención: para generar impacto a través de comportamientos y acciones. 

El problema, como explican Kelly Palmer y David Blake en su libro “The Expertise Economy”, es que si no distinguimos entre conocimiento y habilidad, acabamos metiéndolo todo en el cubo de “formación”, confundiéndolos y sustituyendo uno por el otro. Cuando, en realidad, no porque sepas algo significa que tengas la capacidad de aplicarlo. De hecho, que sepas algo no significa ni siquiera que lo hayas aprendido: simplemente que se te ha transferido ese conocimiento. 

Decía Einstein que “la información no es conocimiento” y que “para adquirir conocimiento solo tienes que experimentar”.

Habilidad es ser capaces de hacer algo con lo que sabemos. Es saber usar el conocimiento para generar un resultado. Es tangibilizar de algún modo aquel contenido que se nos ha transferido. 

Aplica y rápido

En un momento en el que todo va tan rápido, en que las empresas necesitan innovar continuamente para no perder el tren, hacen falta profesionales que sepan aplicar. Y hacerlo rápido. Pasar del conocimiento a la habilidad en cero coma. 

Que no digo con esto que no haya que seguir adquiriendo conocimiento; por supuesto que sí. De hecho, diría que hoy más que nunca. Pero lo que no podemos permitirnos es ser esclavos de lo que aprendemos. El conocimiento no puede ni anclarnos al pasado y ni paralizarnos en el presente.

Debemos pasar de la mentalidad del “know-it-all” a la del “learn-it-all”,como dice Satya Nadella de Microsoft. 

Y aquí es donde encontramos el matiz entre el saber y el aprender: uno mira al pasado, el otro al futuro. 

En un momento en el que en 3 meses hemos avanzado varios años, toca mirar al futuro, sin duda. Entender qué necesitamos para desenvolvernos en este entorno nuevo al que estamos saliendo. En el que puede que mucho de lo que sabíamos no nos sirva y nos toque desaprender. Cuestionarnos si nos aporta o nos quita; si nos empuja o nos frena.

Cojamos lo que nos sirva, sí. Pero no carguemos las mochilas con contenido innecesario que sólo nos quita ligereza para avanzar de manera ágil. Porque agilidad es lo que va a hacer falta a partir de ahora si queremos alcanzar a ese futuro que ya está aquí y que sigue avanzando, sin ningún resquemor a dejarnos atrás. 

Un futuro que parece que sólo espera al que es capaz de desaprender y aprender rápido. 

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