No nos queda otra que reinventarnos… para seguir creciendo.

“Los analfabetos del s XXI no serán los que no sepan leer o escribir, sino los que no sepan aprender, desaprender y reaprender.” 

Alvin Toffler, autor de Rethinking the Future.

¿Y por qué esta obsesión por desaprender? 

Básicamente, porque nos prepararon para un mundo que ya no existe. Dice Toffler que existe lo que él denomina ‘el shock de futuro’ (también sobre esto ha escrito un libro). Y lo compara con la llegada a un país extranjero que no conocemos y del que tenemos que aprender el idioma, las normas, los costumbres…
Dice Toffler que el entorno tecnológico y la velocidad a la que va, nos produce esa misma desorientación.


Seguimos con su bibliografía, porque en ella se encuentra diseminada una visión muy lúcida del futuro; en el libro La Tercera Ola, habla de las 3 grandes revoluciones: la agrícola sería la primera ola, la industrial, la segunda. Y la tecnológica, la Tercera Ola, por supuesto. Aunque esta ola se asemeja más a un tsunami, por cómo ha cambiado totalmente el paisaje, a una velocidad mucho más rápida que las anteriores. Podríamos decir, de hecho, que estamos en un momento cuyo cambio va más allá del cambio tecnológico: estamos en un cambio de era a todos los niveles, también culturales y de estilo de vida.

Hemos pasado de la era del conocimiento (por todo lo que nos permitió el acceso a internet) a la era del aprendizaje (por lo rápido que tenemos que adaptarnos a los cambios).
En esta nueva era, no sólo tenemos que aprender lo que no nos enseñaron, sino que a menudo debemos desaprender lo que sí aprendimos.

Desaprender pero no olvidar

Con desaprender no me refiero a olvidar. No. Porque igual que cuando aprendemos no sólo memorizamos, sino que incorporamos procesos, modelos, valores, relaciones, etc., cuando desaprendemos no se trata de olvidar sino de desincorporar. Desincorporar costumbres, creencias, valores, modelos, procesos….

Como dice Barry o’Reilly, el autor del libro UnLearn, desaprender es dejar ir, soltar, dejar de hacer aquello que te funcionó en el pasado pero que ahora no te deja desarrollar todo tu potencial de cara al futuro.

En el modelo F.A.S.T. de Jim Kwik, la F es de Forget. Porque según Kwik, es difícil aprender si no estamos dispuestos a aprender lo que ya sabemos, a no condicionar los nuevos contenidos a los que ya tenemos. Los niños absorben mucho más rápido porque no saben y lo aceptan. Con la edad, aprendemos sabiendo que sabemos, lo que nos quita predisposición al aprendizaje.

Anticipamos, interrumpimos, desechamos… incluso antes de que el emisor haya terminado de compartir el contenido. Y cuando lo hacemos dejamos de estar presentes, dejamos de escuchar, de ser curiosos, de querer saber.

Olvida por un rato lo que sabes, para asegurar que no eres esclavo de ello. Que tu conocimiento no te priva de incorporar nuevas estructuras de pensamiento.

Como dice -y enseña- Aurora Michavila, hay que aprender a Improvisar. No sólo en el escenario, sino en el trabajo y también en la vida, para ser capaces de responder a lo que nos sucede y adaptarnos al cambio. Hoy, más que nunca.

Desaprender pero no olvidar

Tampoco te creas que esto de desaprender es de ahora. Decía Montesquieu, hablando de los romanos, que “la principal razón de su éxito fue que, a pesar de haber ganado todas las batallas, cambiaban de estrategia y práctica en cuanto encontraban unas mejores”.

Hemos evolucionado mucho desde los romanos, pero desaprender sigue siendo importante para avanzar. Más, si cabe. Porque si en ese momento necesitaban desaprender para luchar mejor, ahora necesitamos desaprender para innovar mejor.

Estamos en un momento en que necesitamos aportar soluciones a problemas nuevos, y nuevas soluciones a problemas que ya existían; y para ello, deberemos cambiar la manera de llegar.

Ya dijo Einstein que difícilmente se llegarán a nuevas soluciones, si pensamos siempre del mismo modo.

¿Sabes desaprender?

Hay ciertos indicadores para conocer tu capacidad -o incapacidad- de desaprendizaje, los sesgos que condicionan tu mirada.

El lenguaje es el que más delata: frases del tipo “es que siempre lo hemos hecho así”, es una muestra evidente de que tu desaprendizaje está en fase muy incipiente (o nula, diría).

Pero hay otras que tal vez pasen más desapercibidas, como: “Yo es que soy más de cursos presenciales, lo del online no me va”, o el famoso “Yo es que soy de letras”.

Si te sorprendes diciendo alguna de estas frases o similares, deberías ponerte en alerta y tomar medidas para cambiar tu mirada hacia el entorno, para empezar a coger el hábito de desaprender.

Toca buscar nuevas maneras de hacer las cosas. No dar nada por sentado. Entrar en modo beta y entender que nada es permanente ni eterno.

Hoy más que nunca, estamos viendo cómo de repente la vida nos pone en una situación para la que nadie nos preparó.

Pero he de decir a favor de la falta de desaprendizaje, que nuestro cerebro no está preparado para ello. Para adaptarse, sí, pero para desaprender, no. A medida que aprendemos e incorporamos conocimiento, comportamientos, valores, creencias, procesos, nuestro cerebro va haciendo sinapsis cada vez más completas, bloques de conexiones, estructuras que se van volviendo más y más complejas. Y esto nuestro cerebro lo hace porque todas estas conexiones nos permiten no tener que aprender cada vez que necesitamos hacer algo. Nuestro cerebro funciona en automático para ahorrarnos trabajo.

Estas estructuras se afianzan con el tiempo, se solidifican, por así decirlo. Y esto es lo que llamamos plasticidad -o falta de plasticidad, en este caso. Porque deshacer estas conexiones es difícil, llevan mucho tiempo ahí. Es más difícil, como te digo, que crear conexiones nuevas.

Lo que se esconde detrás de la incapacidad de desaprender

También hay algo más profundo en la incapacidad de desaprender: miedo a lo desconocido a salir de lo que conocemos, lo que tenemos controlado, para entrar en zona por descubrir.

Dice Marie Kondó, la experta en orden, que hay dos razones principales por las que no soltamos algo (en su caso, un objeto, en el nuestro, una costumbre, proceso o conocimiento): por exceso de apego al pasado o por miedo al futuro. En cualquiera de los dos casos, no ser capaces de olvidar, aunque sea por un rato, nos aleja del presente.

Así que te toca soltar; piensa que en estos momentos, aquello que te da seguridad también te puede estar debilitando, porque te está impidiendo avanzar.

Y sí, para desaprender también te haá falta mucha humildad. Porque te hará pasar de saber algo, a re-empezar. A sentirte como en la casilla de salida. A estar al mismo nivel de quien empieza.

Aunque en realidad no estás empezando de cero: tú ya tienes tu mochila con todos tus aprendizajes. Pero estar dispuesto a desaprender, es estar dispuesto a viajar sin mochila. No, no es fácil, visto así, ¿verdad?

Lo bueno, es que se puede practicar. En realidad, siguiendo con el símil de la mochila, ni siquiera hay que llevarla vacía. Sólo estar dispuesto a irla vaciando y llenando simultáneamente, como en un juego interminable. De este modo, nunca estará vacía, pero cambiará su contenido. No te apegues a nada de lo que hay dentro, nada es imprescindible. Tienes que estar dispuesto a soltar algo en el próximo descanso, en la siguiente base.

Verás que no sólo te acabas acostumbrando, sino que puede ser incluso divertido. Dar cierta sensación de ligereza. De agilidad. Y además, llevados a ciertos extremos, puede favorecer considerablemente nuestra plasticidad cerebral.

Perder el miedo a desaprender es ganar curiosidad, capacidad de adaptación, de innovación y nuevos aprendizajes. Ganarás más de lo que dejas. Porque en el proceso, en realidad, sólo dejarás lo que ya no te sirve, lo que te estaba estorbando sin siquiera ser consciente de ello.

Es cuestión de ejercicio. Cuanto más lo practiques mayor capacidad de desaprendizaje tendrás. Y cuanto más desaprendas, mejor será tu aprendizaje.

Feliz desaprendizaje, Aprendedor.

p.d.: te dejo un vídeo muy curioso sobre un tipo que desaprendió a ir en bici 🙂

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