El propósito es de los términos más usados, tanto para empresas como para profesionales. Encontrar el propósito es encontrar un para qué. No es definir objetivos, no es identificar dónde ir, sino saber por qué vamos hacia allí y cómo haremos el camino.

Un propósito no es siquiera un destino, sino una dirección. Por eso el propósito se encuentra en el momento en que sabemos por dónde empezar a andar y por qué, sin necesidad de llegar a ningún sitio en concreto. El viaje es el destino.

Un propósito no es siquiera un destino, sino una dirección.

El Ikigai se define desde la cabeza, el corazón y las tripas

En un mundo en el que hemos avanzado, muchas veces, en piloto automático, nos faltó el ratito de sentarnos a pensar en qué queríamos realmente.

Para unas generaciones en las que la carrera se eligió por esas famosas “salidas profesionales” hoy, que el mundo se ha puesto del revés, ya no resultan salidas, sino más bien callejones ‘cul de sac’.

Cuando la línea entre vida personal y profesional se diluye más que nunca, toca pensar no sólo desde la cabeza, sino también desde las tripas (ese segundo cerebro al que escuchamos tan poco).

Tal vez por eso, el IKIGAI, ese término japonés, resurge con fuerza más de 1000 años después de su origen (se estima que se empezó a utilizar el término entre los años 794 y 1.182).

 

Su enfoque cambiar ligeramente según si se observa desde Oriente o en Occidente: aquí lo aplicamos a nuestra trayectoria profesional, mientras que en Japón su foco es más holístico y puede que se traduzca en decisiones personales más que profesionales. Sin embargo, en los dos casos se busca encontrar sentido a la vida.

Los 4 elementos del ikigai

Siguiendo una forma de diagrama de Vent, el Ikigai nos muestra que el propósito se encuentro en la combinación entre:

 

  • lo que nos gusta
  • lo que sabemos hacer
  • lo que el mundo necesita
  • por lo que nos pagarán.

Puedes dedicarte a lo que te gusta y en lo que, además, eres bueno. Estas dos son fáciles, dado que si haces lo que te gusta, probablemente practicarás más horas y esto te llevará a aprender más y ser mejor, como define Malcolm Glasdwell en su libro Outliers. Sin embargo, puede que en algún momento sientas la necesidad de encontrarle sentido a lo que haces, darle cierta trascendencia. O quizá tu función entre en conflicto con tus principios o valores.

También puede que encuentres algo que te gusta y con lo que, además, sientes que impactas, que trasciendes, que lo que haces tiene sentido. Pero si no hay sostenibilidad económica, en algún momento probablemente tengas que renunciar a ello: tal vez no totalmente, pero sí dedicarle menos tiempo. No pasa nada, si asumes que es un hobby. Pero si buscas que sea tu 100%, el cambio será más improbable.

Podrías centrarte en aquello por lo que te pagarán, pero si sólo converge con otro de los elementos, puede pasar que te falte sensación de trascendencia, si se te da bien pero no genera impacto; o que tengas que poner foco en aprender, para completar el círculo.

 

En cualquier caso, para que se dé el propósito tal como lo define el Ikigai y tal como lo buscamos hoy en día en la cultura occidental, deberían darse los 4 elementos.

ikigai 4.0

A pesar del potencial del Ikigai, a lo largo de estos últimos años ayudando a definir el Ikigai, me he dado cuenta de que este se define -muy a menudo- desde el hoy, desde un ámbito de actuación bastante limitado.

Por eso, a medida que he ido profundizando en mis conocimientos de Diseño de Futuros, he entendido que para definir el Ikigai, hay que mirar lejos. Y más desde la pandemia: este giro de 180º que sufrimos me hizo ser más consciente que nunca de que esa combinación entre Ikigai y Futuros tenía todo el sentido.

Con el Ikigai 4.0, lo primero que hice fue convertir los enunciados de los 4 círculos, de realidades a posibilidades:

  • No es sólo lo que te gusta, sino lo que te gustaría conocer: tal vez cuando lo conozcas te des cuenta de que no era lo que pensabas, o quizá te emocione. Pero si no lo pruebas, no lo sabrás. Te será útil, sobretodo, si no tienes muy claro qué es lo que te gusta.
  • De lo que el mundo necesita hoy, a lo que necesitará mañana: ni se trata de cambiar el mundo por completo, ni podemos limitar nuestra mirada al presente. Arranca desde tus valores para entender cuáles son tus condiciones irrenunciables.
  • En lo que eres bueno, queda obsoleto en el entorno VUCA de hoy: toca desaprender y reaprender. Tal vez aquello en lo que eres bueno ya no tenga utilidad. O tal vez para acceder a lo que el mundo necesita, debas reaprender. Así que no te limites a lo que ya sabes, porque podría limitarte. Y ya sabes que el futuro es de los aprendedores (no de los “sabedores”).
  • Por último, aquello por lo que te pagarán puede no tener nada que ver con aquello por lo que te han pagado hasta la fecha. De nuevo, el futuro tiene prioridades diferentes y, por tanto, pierden valor elementos que hasta ahora lo tenían y, en cambio, ganan importancia otros productos, servicios o habilidades. Por tanto, te propongo pasar de definir qué profesiones tienen “salida” hoy, para poner el foco en el futuro. Cuando conozcas bien todas las posiblidades del futuro, probablemente se te abra el abanico de posibilidades. Y ahí, cuando abras el ángulo de opciones, entenderás los 3 círculos anteriores 😉

CREA TU ikigai en este orden

  1. Identifica señales del futuro que estamos creando: entre quienes proponen y quienes lo aceptan (o aceptamos), estamos dibujando un futuro. Encuentra diferentes señales para intuir diferentes futuros.
  2. Aplica el sentido crítico para leer las dos caras de ese futuro: la mayoría de escenarios de futuro tienen un lado bueno y otro no tan bueno (o incluso malo). Fuérzate a identificar los dos, para encontrar las necesidades que habrá en ese futuro y donde puedes tener un papel clave y trascendental.
  3. De todas las posibilidades, decide desde las tripas para encontrar el futuro que te mueve.
  4. Aprende lo que necesites aprender para tener un papel activo en ese futuro que has decidido.

Cuando llegues aquí, estarás trabajando en pos de tu propósito, casi sin darte cuenta. No esperes sentir un click en el momento en que lo escribas, sino cuando empiezas a caminar en la dirección adecuada: el movimiento, como dijo Diógenes, se demuestra andando.

IDENTIFICA EL FUTURO QUE QUIERES

En Diseño de Futuros existen, básicamente, 4 futuros:

  1. Futuro probable: ese al que te encaminas si tomamos de referencia lo que has hecho hasta ahora y sigues actuando igual. Siempre sumando y creciendo, pero en el futuro probable es donde menos opciones tendrás.
  2. Futuro plausible: se basa en las posibilidades que vemos hoy que se podrá mañana. Por tanto, hay menos opciones en plausibles que en posibles.
  3. Futuro posible: similar al anterior, este es el futuro que podrá ser si se desarrolla la tecnología y capacidades que creemos que serán posibles en el futuro. Por tanto, si en el anterior hablábamos de lo que ya hoy sabemos que se podrá (y ya es increíble todo lo que se está desarrollando), si nos ponemos a pensar en aquello que ni siquiera somos capaces de imaginar, las posibilidades crecen exponencialmente.
  4. Futuro preferible: teniendo en cuenta lo que sabemos hoy sobre el futuro + lo que creemos que se podrá + teniendo en cuenta la diferencia entre estos y el futuro probable, ¿qué eliges?

Cuando identificas señales y drivers que te ayuden a identificar el futuro que estamos creando, puedes empezar a incorporarlos a tu diagrama para tangibilizar las posibilidades.

Cuando conozcas todas las posibilidades que habrá en el futuro, tu visión de lo que el mundo necesita crecerá. Y las opciones de funciones por las que te pagarán, también: de repente, no tendrán nada que ver con las posibilidades de facturar que tengas hoy.

Cuando identifiques y analices lo que nos ofrecerá el futuro mañana y lo que ya nos ofrece hoy, conocerás no sólo las oportunidades, sino sus efectos y, por tanto, las necesidades que generarán.

Y, por último, conociendo las posibilidades (u oportunidades) reales, y una vez hayas identificado con cuál conectas más, sólo te quedará definir qué necesitas aprender para ello (para completar tu perfil, mejorarlo, ampliarlo…).

Te invito a empezar el año definiendo tu IKIGAI 4.0: mira al futuro y define tu presente.

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