En realidad, todavía no lo quieren tanto como sería deseable. Por eso hoy, 11 de febrero, es el Día Mundial de la Niña y la Mujer en la Ciencia. Un día que, como todos los “Días de…”, sirve para recordar que todavía queda mucho camino por recorrer. 

LOs referentes

Por un lado, faltan referentes femeninos en Ciencia y Tecnología, mujeres en las que mirarse a la hora de proyectar una carrera científica. En este sentido, cada vez vemos más iniciativas que ensalzan la labor de muchas mujeres que hicieron grandes aportaciones y que, todo sea dicho, tuvieron menos visibilidad de la que merecían. 

También las mentoras son referentes para las niñas: mujeres en carreras científicas, en activo, que pueden inspirar, aconsejar y acompañar a las niñas que tengan inquietud por la ciencia o cualquier rama STEM. En este sentido, encontramos iniciativas muy inspiradoras, como STEM Talent Girl, de Asti; iniciativas de Telefónica como Inspiring Girls, Technovation o GirlsTech2020, enfocado a la tecnología.

Y en el cine, existe el llamado “efecto Scully”: parece que el 63% de las mujeres científicas que tenían alrededor de 12 años cuando se estrenó la serie Expediente X, allá por 1993, lo son gracias a la serie. Reivindiquemos más ese tipo de papeles. ¿Tal vez en una nueva edición de la serie, ahora que está de moda eso de recuperar series de antaño?

los estereotipos

Seguimos anclados en ciertos estereotipos: las mujeres prefieren trabajos más emocionales, con personas; los hombres, las máquinas. 

Lo cierto es que eso nos lleva de nuevo a los referentes (o viene de ahí) y al final tenemos sectores claramente dominados por hombres, especialmente los relacionados con la ingeniería. Esto hace que una mujer que entre en el sector, lo tenga más difícil para avanzar. Cada vez menos difícil, afortunadamente. Pero todavía un poco más que los hombres. De nuevo, una mujer necesitará más vocación para estar ahí que cualquiera de sus compañeros. 

empieza en el cole

Resulta que ya desde muy pequeños -en primaria- los niños suelen decantarse por las matemáticas y las niñas por la lengua. 

Lo curioso es que no se trata de una mayor capacidad de los niños por las mates, sino de su menor capacidad por las letras. 

Cuenta Barbara Oakley que, en realidad, las niñas desarrollan la capacidad verbal antes que los niños (que, de nuevo, no significa que los niños no acaben desarrollándola, simplemente que la desarrollan más tarde). Eso hace que los chicos tiendan a las matemáticas, porque se les da mejor. En cambios ellas, al ver que predominan en letras, tienen hacia allí, sintiendo que son especialmente buenas en ello. Y sí, en ese momento lo son. Pero son igualmente buenas en matemáticas, en realidad. 

“No se trata de ampliar tu pasión, sino de ampliarla.” Barbara Oakley

Existe otra iniciativa que me encanta: Escuelab, de Cristina Balbás. Doctorada en Medicina Biomolecular, elegida en “Forbes 30 under 30”, Fellow Acumen…. También ella es un referente. Pero Cristina, después de unos años de investigación en el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), se dio cuenta de la necesidad -y la gratificación- de hacer llegar la ciencia a la gente. Y, especialmente, a los más pequeños. 

En Escuelab, a través de talleres en escuelas, fiestas de cumpleaños científicas, campamentos urbanos o de verano, acercan la ciencia a niños de hasta 12 años. Tienen esa edad porque dicen que a partir de ahí ya es más difícil despertar la vocación científica… 

Ni ciencias, ni letras: ciencias con letras y viceversa

La vorágine actual nos está llevando a ampliar la mirada, a atrevernos y, sobretodo, a considerar nuevos retos profesionales en momento en que a uno se le presupone ya una trayectoria fija. 

Los nuevos retos medioambientales nos incorporan en el debate científico, queramos o no. Empezamos a entender nuestro entorno con conceptos un poco más elevados que el de simple espectador. 

La evolución científica nos plantea, como mínimo, dilemas a los que antes habíamos permanecido ajenos. E incluso el entorno tecnológico nos recuerda que las matemáticas han salido de su rincón, para ser las reinas de la fiesta. 

Probablemente en nuestro entorno laboral debamos empezar a manejar conceptos que nos parecían lejanos. Entender de economía circular, procesos de producción, composición de los materiales para defender -o no- su uso en función de su capacidad de reciclaje. Conocer las características del PET, la contaminación que provoca la combustión de ciertos plásticos o aprender a calcular las emisiones en toda la cadena de producción de un producto y traducirlo a CO2 como medida única. 

Todos tendremos que ser un poco científicos, para poder actuar en consecuencia. Ser conscientes de lo que nos jugamos y dejar de juzgar desde el desconocimiento. 

Cada vez tiene menos sentido elegir entre ciencias y letras: se hace imperativo introducir la ética -el pensamiento crítico y filosófico, las ‘letras’ por excelencia- en la ciencia; igual que cada vez deberemos tener más conocimientos de tecnología y ciencia, para cualquier tipo de trabajo. 

ampliar la mirada

Los dilemas éticos a los que nos enfrenta el avance de la tecnología y la IA debemos resolverlos entre todos, con todas las opciones y miradas. También la femenina. Sobretodo porque las máquinas harán lo que les enseñemos a hacer. Y ya hay prejuicios de género y raza en algunos algoritmos, debido a la falta de visión femenina a la hora de programarlos.

Así que me voy a poner un poco trascendente, si me permitís. Y es que creo que el futuro es demasiado importante como para dejar fuera a la mitad de la población. Se hace cada vez más necesario incluir a las mujeres en el entorno científico y tecnológico: porque se necesitan más “cabezas” pensando en cómo dibujar un futuro alentador. 

Y, sobretodo, hacen falta muchas miradas: diferentes, divergentes y retadoras. Por ello, hace falta diversidad en la ciencia. Y esta diversidad empieza por incluir a la mujer en la ciencia, para, precisamente, ampliar y hacer crecer la mirada. 

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