Mi fracaso emprendedor y el Aprendizaje Mínimo Viable

Hace 12 años decidí crear una plataforma de consumo colaborativo: una web en la que se intercambiaban productos de bebé y niño, para que los padres pudieran ir renovando  el “parque móvil”, la ropa y todos los cachivaches varios que se acaban comprando para sólo unos meses. 

Una especie de Wallapop pero sólo para niños y basado en el intercambio, no en la compra-venta.

Hasta aquí, fácil de explicar, fácil de entender.

El problema es que, según iba dibujando la plataforma, se me ocurrían funcionalidades que me parecían interesantísimas. Todas. De hecho, según las pensaba no sólo me parecían interesantes, sino indispensables 🙂 Y poco a poco, la idea iba creciendo. De modo que cuando decidí lanzarlo, el proyecto era enorme y requería de una infraestructura mucho más difícil de sostener. Sumado a que en ese momento, el mercado todavía no necesitaba -ni pedía- esta forma de consumo, el resultado fue obvio: UN FRACASO.

Pero como unas veces se pierde y otras se aprende, de ese fracaso aprendí a emprender ligero. Y la metodología Lean entró en mi vida. 

Esta metodología, aunque la creó Sakichi Toyoda, fundador de Toyota, hace ya casi un siglo; y aunque el Manifiesto Lean lo crearon un grupo de desarrolladores de software, llegó al emprendimiento con Eric Ries, que la plasmó en su libro -ahora ya un movimiento- The Lean Startup.

Ries propuso emprender rápido y barato. ¿Cómo? Lanzando al mercado la versión mínima de ese producto o servicio que crees que va a responder a una necesidad del mercado. Una versión inicial, sin florituras ni todos esos servicios adicionales con los que yo sobre-cargué mi proyecto. 

Es lo que en Lean se denomina Producto Mínimo Viable (PMV). Es decir, la versión mínima con la que salir para que resuelva estrictamente la necesidad inicial. Sólo así podrás salir al mercado al menor coste. Y, lo que es más importante, estarás dispuesto a escuchar el feedback del entorno. 

De hecho, quieres saber si eso es lo que necesita el mercado. No pasa nada si el feedback no es bueno. Al contrario, quieres saber todos los fallos o posibles mejoras, porque tu versión, mínima, básica, es fácil de corregir. Y quieres mejorarla tanto como se pueda, antes de lanzar la siguiente versión.

¿Qué tiene que ver eso con el aprendizaje?

Como puedes ir deduciendo, este fue el origen de mi Método Lean Learning®. El Producto Mínimo Viable pasó a ser, ¿adivinas?, el Aprendizaje Mínimo Viable. Esa parte mínima que debes saber para empezar a aplicar y avanzar, lo que te permitirá saber si aquello que estás aprendiendo es lo que de verdad necesitas para ese objetivo que tienes (¿cambiar de sector?¿emprender?¿resolver algún tema concreto dentro de un proyecto?). 

Porque el mundo ya no espera a que sepas lo que necesitas aprender: si paras para sabértelo todo, corres el riesgo de que lo aprendido esté obsoleto antes de terminar o, peor aún, que no sea eso lo que de verdad necesitas aprender. Y hayas dedicado un exceso de tiempo y dinero en aprender algo que no es lo que tú quieres ni lo que el contexto profesional demanda (algo así como hipotecar 3 años y tu casa para lanzar un proyecto emprendedor).

Por eso, igual que para emprender, te sugiero aplicar la filosofía lean a tu proceso de autoaprendizaje:

1- Ten claro para qué necesitas aprender eso: te ayudará a identificar mejor qué debes saber. Es decir, el punto 2.

2- Define qué es lo básico que necesitas saber para ese motivo del punto 1.

3- Elimina cualquier floritura que no vaya a serte útil en un primer momento.

4- Incorpora más práctica que teoría, al principio (ya habrá tiempo para entender los fundamentos).

5- No aprendas más de lo que necesitas para empezar a actuar: ya irás ampliando contenido poco a poco, si lo necesitas.

6- Pide feedback y no te dé miedo a equivocarte: estás en fase de test, quieres todo el feedback posible, ¿recuerda? Ya tendrás tiempo de seguir profundizando en este tema.

7- Confirma que lo que estás aprendiendo es lo que necesitas saber para conseguir el punto 1.

Hazte con el contenido básico de tu Aprendizaje Mínimo Viable, desgránalo para comprenderlo bien y empieza a aplicarlo

Aplícalo a pequeña escala, claro, no te lances en modo experto de repente. Estás empezando, tienes un test, no un imperio. Así que empieza con pasos pequeños. Pero empieza. Pregunta, testea, prueba, equivócate.

Luego, con toda la experiencia adquirida e información recopilada, vuelve a tus “headquarters” para corregir lo que no estaba bien planteado en ese AMV: quita lo que no es necesario y añade lo que habías obviado. 

Y pasa a la versión 1.2, para seguir el mismo procedimiento. Paso a paso. Pero no des un segundo paso sin haber pisado antes suelo firme (y real) con el primero. Es decir, no sigas aprendiendo sin haber aplicado antes lo que ya sabes y confirmar que ese aprendizaje te llevará a tu objetivo.  

Si quieres profundizar en la Metodología Lean Learning® y definir tu propio AMV, recuerda que ya está abierto el programa APRENDEDORAS.

Para hacer a tu ritmo, cuándo y cómo quieras. 

Si tienes dudas, escríbeme y cuéntame. 

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