“Tienes que aprender las principales ideas de cualquier disciplina, de manera que se entrelacen en tu cabeza y las utilices de forma automática para el resto de tu vida.”

Esta frase de Charlie Munger, el gran socio de Warren Buffet, resume lo que son para él los modelos mentales: ideas clave y probadas de cualquier disciplina, que ayudan a tener una visión más global y sin sesgos de la realidad, que nos ayudan a la hora de tomar decisiones, eliminando los puntos ciegos.

Es decir, que los modelos mentales son esquemas simples sobre cómo funcionan las cosas. Y cuando los interiorizamos y automatizamos, dan forma a cómo pensamos y cómo creamos nuestras creencias.

Muchos de ellos se han incorporado en nuestro subconsciente sin que nos diéramos cuenta y los usamos de forma automática, sin pensar. Y eso explica por qué actuamos de determinada manera frente a determinados problemas.

Vamos, que si fuéramos capaces de entender cuál es el modelo mental que subyace debajo de ciertas decisiones o costumbres, podríamos deshacerlo.

Y, precisamente por eso, conocer nuevos modelos mentales, probados y sin sesgos, nos puede ayudar a tomar decisiones en áreas desconocidas para nosotros con mayor probabilidad de acierto, además de aumentar nuestra flexibilidad y tolerancia a ideas nuevas. Nos evita el piloto automático, al menos en la confección de nuestra idea del mundo. Porque está bien automatizar decisiones y procesos para descargar al cerebro de la toma de decisiones continua. Pero sólo si antes hemos reflexionado sobre aquello que hemos decidido, conscientemente, automatizar.

Pero como dice Munger, para ello necesitaremos, por un lado, conocer muchos modelos mentales; por otro, que estos sean de diferentes áreas y disciplinas y por último, tienes que saber enlazarlos para tejer una red de conocimiento y herramientas lo suficientemente amplio. Con esto podrás:

  • saber cuál usar en cada situación.
  • tener a mano el modelo mental que necesitamos.
  • saber identificar los que no son correctos (o un día lo fueron, para ya no sirven: todo un ejercicio de desaprendizaje).

El elemento interesante que introduce Munger en los Modelos Mentales, es esta visión global, esta invitación a conocer modelos mentales de diferentes disciplinas, para poder así ver la realidad en todas sus facetas.

Y es que la vida no está compartimentada: la dividimos porque nos resulta más fácil para aprender (o más bien para estudiar). Pero en la realidad los conceptos están entrelazados. Mucho más incluso de lo que somos capaces de reconocer.

 

Y dado que cuanto mejor explica la realidad un modelo mental, más mejora nuestro pensamiento, conocer modelos de diferentes áreas de conocimiento nos evita tener una visión parcial de la realidad y caer en aquello de que “para quien tiene un martillo, todo son clavos”.

Así que si te consideras generalista o mente inquieta (si estás leyendo esto casi seguro que lo eres), ya tienes un motivo para seguir picoteando en áreas que, aparentemente, no tienen nada que ver con tu especialización.

Automatiza sólo después de haber reflexionado sobre lo que vas a empezar a decidir en piloto automático. 

Algunos modelos mentales vinculados al aprendizaje y la adquisición de expertise

Hay muchos modelos mentales y te animo a explorarlos para, como sugiere Munger, ampliar tu visión de la realidad. Sin embargo, aquí te acerco los que considero que son más aplicables a los procesos de aprendizaje y desarrollo de expertise.

Te animo a estudiarlos, entenderlos y analizar en qué situaciones aplicarlos y cómo evaluar su resultado.

Círculo de competencia

Este modelo mental fue creado por Warren Buffet para explicar dónde invertir y dónde no. Pero yo lo traigo aquí para, lógicamente, aplicarlo a la visualización de tu expertise.

Dice Warren Buffet que identificando el área en la que sobresales, podrás dedicarte a crecer ahí en vez de intentar moverte fuera de ese círculo, que sólo te llevará a ser menos efectivo y, por tanto, perder efectividad (de tiempo o dinero).

¿Cómo usarlo para aprender mejor?

Aplicado al aprendizaje, te ayudará a vencer tu ilusión de competencia: tener claro qué es lo que sabes te va a ser tan útil como ser consciente también de aquello que crees que sabes (y en realidad, no es así).

A partir de ahí, tú decides:

  1. qué quieres hacer con lo que sabes.

  2. cuánto necesitas, de verdad, saber aquello que está fuera de tu área de competencia. Y para qué.

Tendencia al Agrado-Desagrado (Liking-Disliking Tendency)

Este modelo nos dice que tendemos a negar o perdonar con mayor facilidad los fallos de aquellas personas por las que sentimos simpatía o admiramos, mientras que resaltamos lo positivo.

Y todo lo contrario con las personas que no nos gustan: resaltamos sus aspectos negativos y pasamos por alto lo positivo.

Esto nos puede estar condicionando las fuentes de información y aprendizaje, dado que damos prioridad a aquellas emitidas por personas que nos gustan. Y, en cambio, rechazamos fuentes por el simple hecho de no tener simpatía con quien la ha generado.

Sería el caso del profesor que consiguió que nos gustara una asignatura concreta porque nos caía bien. Y viceversa.

¿Cómo usarlo para aprender mejor?

Te sugiero darle una oportunidad a contenidos que, de entrada, te apetece poco por quien los comparte. Y, del mismo modo, aplicar un poco más de pensamiento crítico a la hora de consumir contenidos de expertos a los que admiras, tal vez, en parte, porque “te caen bien.”

La ilusión de la explicación en profundidad (The Illusion of Explanatory Depth)

Este modelo es fantástico, porque te hace pensar acerca de qué significa saber y te pone frente a tu conocimiento real sobre un tema. Y es que a menudo damos por sentado que sabemos cosas que realmente no sabemos. Por ejemplo, si te pregunto si sabes qué es un televisor, lógicamente me dirás que sí. Pero, ¿realmente sabes cómo funciona el televisor? ¿De qué piezas está compuesto, cómo funciona por dentro, cómo llega la imagen a la pantalla…? Probablemente no. 

Leonid Rozenblit y Frank Keil, quienes acuñaron el término, lo definieron como “una sensación imprecisa de saber”. Precioso, ¿verdad?

Me recuerda a la anécdota que siempre contaba Richard Feynman: estaba paseando con su padre por el campo y vieron un pájaro. Richard, niño, preguntó a su padre qué pájaro era. A lo que este le dijo el nombre del pájaro… en 36 idiomas diferentes (todos, menos el inglés, inventado, claro). Y a continuación le dijo que saber el nombre del pájaro, por más que lo supiera en todos los idiomas, no hacía que supiera más sobre el pájaro.

Pues eso: la ilusión de la profundidad de la explicación.

¿Cómo usarlo para aprender mejor?

No creas que sabes algo sólo porque sabes repetirlo. Ni mucho menos porque te conozcas todas las “palabrejas” de ese sector. Que entre neologismos y anglicismos, parece que saber de un tema es memorizar vocabulario.

Tendencia a la Aprobación Social

Somos seres sociales, nos guiamos por el entorno y necesitamos, a la vez, su aprobación. Por eso, tenemos tendencia a pensar que lo que la mayoría hace está bien, por lo que pensar igual que “el rebaño” nos da seguridad y sensación de pertenencia.

El problema es que nos quita personalidad y nos evita desarrollar una propuesta de valor única, que nos diferencie en este mercado hipercompetitivo y masificado.

¿Cómo usarlo para aprender mejor?

Analiza qué demanda el mercado laboral (el presente y, si puedes, el futuro).

Identifica qué es lo que sabes hacer, incluso si no está vinculado al área en la que estás o quieres entrar. Define tu perfil de expertise.

Define qué aporta tu expertise en otras áreas, a ese entorno en el que quieres estar. Así estarás definiendo una propuesta de valor diferenciadora.

Encuentra tu voz, tu enfoque, tu tono. No tienes que ser como los demás. Al contrario: debes diferenciarte, pero aportar valor. No se trata de ir en contra porque sí: se trata de separarte para poder construir y proponer algo nuevo.

Estos son sólo 4 de los cientos de modelos mentales que existen y que he adaptado al aprendizaje porque es el tema que aquí nos concierne. Pero te recomiendo leer más sobre ellos, analizarlos, entenderlos para contrastarlos con tu manera de pensar: ¿cuánto hay de racional en tus decisiones? ¿Cuán consciente eres de lo que decides y por qué lo decides? ¿Cuántos sesgos aplicas, sin darte cuenta, a la hora de aprender? 

Cuéntame, me gustará saber cuánto te ayudan a repensar tu manera de enfrentarte al aprendizaje.