¿Por qué nos cuesta desaprender?

Dice Alvin Toffler, el autor del libro La Tercera Ola, que “los analfabetos del s. XXI ya no serán los que no sepan leer o escribir, sino los que no sepan desaprender, aprender y reaprender.”

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de desaprender? ¿Hay que olvidar lo aprendido?

No, en absoluto. Igual que aprender no es sólo memorizar, desaprender no implica olvidar. Simplemente, dejar de hacer aquello que, tal vez nos funcionó en el pasado, pero ahora no nos permite avanzar. Pueden ser hábitos, métodos o creencias: a cuál más difícil, pero todos igual de importantes. Por eso, sea el que sea de los tres, si te está limitando a crecer, a adaptarte, a estar bien, deberías desaprenderlo.

Simple, pero no fácil, porque no estamos acostumbrados a cuestionar lo que sabemos. El cerebro no está pensado para esto; y tampoco nos enseñaron a hacerlo. El motivo por el que nos cuesta tanto desaprender es neuronal, pero también actitudinal.

Freno Neuronal

Nuestro cerebro interiorizó aquello que aprendimos en la infancia y automatizó aquello que hemos hecho de forma repetida durante un tiempo, formando así creencias y hábitos en forma de sinapsis neuronales que se conectan sin esfuerzo cada vez que actuamos en esas áreas concretas. Tal como nos explica la Ley de Hebb, las neuronas que se activan juntas, permanecen juntas. De hecho, a esta ley también se le llama Teoría de la Asamblea Celular, un nombre maravilloso, ¿verdad?

Pero la realidad es que el cerebro se creó para aprender, no para desaprender: su máxima es ahorrar energía y reservarla para lo importante. Tener incorporada una visión sólida de la realidad, sobre la que podamos actuar de forma inmediata,  junto a la capacidad de dar una respuesta rápida al contexto, nos permite sobrevivir. Y es que aunque hace tiempo que no nos persiguen los leones, nuestra evolución va más lenta de lo que creemos: aunque los humanos somos los únicos que contamos con una corteza prefrontal que nos aporta capacidad de reflexión y análisis -entre muchas otras funciones-, seguimos contando con esas áreas que actúan de forma instintiva y automática para defendernos.

El cerebro no quiere tener que volver a la fase de tener que pensar cada acción y reacción: supone demasiado gasto de tiempo y energía. Por eso automatiza. Por eso no olvida (incluso aunque a veces no sepas cómo acceder a la información).

Y por eso, cuando le decimos al cerebro que ignore eso que en su momento le dijimos que era importante, se resiste. Tiene su lógica, en realidad. Si lo aprendimos, era porque era importante. Así que habrá que convencerle de que ya no lo es. De que ese ha dejado de ser el camino para adaptarnos. Hablémosle, si hace falta, en su lenguaje, en términos de adaptación y reacción al contexto.

Nuestro cerebro interiorizó aquello que aprendimos en la infancia y automatizó aquello que hemos hecho de forma repetida durante un tiempo.

Freno Actitudinal

Tampoco nos enseñaron a cuestionarnos lo que sabemos. No nos invitaron a buscar diferentes maneras de hacer las cosas. De hecho, hemos crecido con cierto miedo a no saber; por eso, cuando por fin lo sabemos, nos relajamos y nos limitamos a repetir hasta asentar la base sobre la que construir. Siempre añadiendo, nunca deshaciendo. Y si la base es errónea -o ya no es válida-, seguiremos construyendo sobre los cimientos equivocados. Podremos hacer la torre más alta, pero caminaremos sobre pies de barro.

Estar dispuesto a desaprender significa, también, tener la actitud de mejora constante. No conformarse. Entender el aprendizaje como un proceso, no un resultado. Desaprender exige una fuerte mentalidad de crecimiento.

Dice Montesquieu, en su ensayo “Consideraciones sobre las causas de la grandeza y la decadencia de los romanos” que la principal razón por la que los Romanos llegaron a dominar el mundo fue, principalmente, que cambiaban sus prácticas de conquista en cuanto encontraban otras mejores.

Por eso, desaprender implica cuestionar y cuestionarnos continuamente. No dar nada por sentado. Tampoco nuestras habilidades.

Desaprender implica, en cierto modo, volver a empezar, volver a no saber, aunque sólo sea durante un tiempo. Y esto implica sentirnos vulnerables, perder la seguridad de saber. A veces, incluso, sentir el miedo de perder la autoridad, de dejar de ser quien más sabe.

¿Te das cuenta? ¡Desaprender nos lleva a cuestionar tantas cosas….! De uno mismo y de los demás. Plantearnos, por ejemplo, si la autoridad viene por lo que uno sabe, o por lo que es capaz de aprender. Si aprender consiste en acumular datos o cuestionar los que tenemos. Si tiene sentido tanta erudición -buscando tener las respuestas-, si no tenemos sabiduría -aprendiendo a tener nuevas preguntas-.

Desaprender exige una fuerte mentalidad de crecimiento.

Como siempre, los frenos pueden ser muchos, pero si quieres empezar a desarrollar tu capacidad de desaprendizaje, empieza por la actitud: cuando consigas vencer el freno actitudinal, los demás caerán solos. Como suele pasar 🙂