Como ha pasado con muchos otros términos y metodologías, los grupos mastermind parece que sean la última moda. 

Y tal vez lo sea en cuanto a aceptación o expansión, pero en realidad el término lo acuñó Napoleon Hill, uno de los mayores autores de autoayuda de finales del XIX, principios del XX. 

Fue en su libro “La ley del éxito”, en 1920, donde por primera vez habló de “Alianzas Mastermind”. Y en 1930, con su libro de mayor éxito, “Think & Grow Rich”, donde se sitúa el origen real del término. 

A partir de ahí, se simplificó el nombre a Mastermind y así se ha mantenido hasta hoy. 

Qué es entonces una mastermind

Una mastermind es un grupo creado para desarrollar las habilidades, conocimientos y avances de cada uno de los individuos a partir del poder del grupo.

Es una combinación de brainstorming, educación, accountability y apoyo; y está basado en el compromiso, confidencialidad, generosidad, escucha, honestidad y respeto. 

Interesante, ¿verdad? Sigue leyendo, que te cuento más cosas sobre las mastermind 🙂

La temática de estas sesiones puede ser muy diversa pero lo importante es que la participación de cada uno está muy abierta. Desde un contenido específico, preguntas concretas, sugerencias de interés, hasta una problemática con la que se haya encontrado alguno de los participantes en un área vinculada a esa temática. Puede ser, por ejemplo, en el desarrollo de su proyecto, para que sea el grupo quien conjuntamente, lo resuelva. Y esto es importante: es el grupo que lo resuelve. No hay un experto que lo resuelve, sino que la expertise reposa en el grupo.

De hecho, una sesión mastermind tiene un objetivo que comparten todos los participantes: de aprendizaje, de colaboración… Y este aprendizaje es siempre grupal, aunque luego, por supuesto, cada uno lo aplique de forma individual. 

Es bonita, de hecho, la diferencia entre un equipo y un grupo mastermind: mientras que el primero trabaja hacia un objetivo común, el segundo comparte durante las sesiones, pero los objetivos de cada uno de los participantes son individuales. 

Aunque soy muy partidaria del trabajo en equipo, la idea de un grupo que se apoya, que colabora y crece a través de -o para el- crecimiento individual de cada participante, creo que tiene también mucha magia.

 

Los grupos se crean, normalmente, en torno a una temática. Son muy comunes las mastermind de marketing, de emprendimiento, de negocios… Aunque se pueden crear de cualquier temática. Lo interesante, de hecho, es que se pueden crear de cualquier tema.

De aprendizaje, por ejemplo 🙂 El grupo que he creado para el curso de Learnability, por ejemplo, tiene el objetivo de arropar a cada aprendedor durante el proceso de aprendizaje. Porque cuando empezamos el camino de auto-aprender, también a veces puede resultarnos difícil. Y tener un espacio donde compartir con otras personas que están en el mismo proceso, lo hace más fácil, más enriquecedor y mucho más motivante.

Pero, como digo, los grupos mastermind pueden surgir de cualquier temática, de más o menos personas (aunque no es recomendable más de 12), con una periodicidad que puede ser más limitada o más amplia.

Uno facilita, todos participan

Hay una figura que me parece importante explicar: la del facilitador. Aunque no es imprescindible, sí me parece interesante que haya alguien, más ajeno al grupo, que se encargue de que sucedan las sesiones, en fondo  y forma. Una persona que conoce también la temática, que observa y ayuda a profundizar en los temas que se tratan. 

Sin moderar necesariamente, el facilitador busca que cada integrante del grupo participe en las conversaciones y ayuda, si hace falta, a que cada individuo saque el máximo provecho (en el buen sentido) de su participación en el grupo.

 

Lo interesante del papel del facilitador es, como en todos los espacios en que entra en juego esta figura, entender que no es quien lidera, ni quien aporta contenido, ni quien propone. El facilitador, como su nombre indica, facilita. Papel nada fácil, a pesar de ello 🙂 Un buen facilitador ayuda a que fluya la sesión, a que los contenidos que el grupo aporta se entretejan entre ellos de manera que crezcan de forma exponencial. 

Pero siempre, siempre, el contenido, los recursos, las conversaciones, se generan desde el grupo y para el grupo. No para -ni desde- el facilitador. 

 

Qué no es una mastermind

Me parece importante también explicar qué no es una mastermind, para ayudar explicar lo que es:

No es una clase: no se busca aprender de alguien que sabe más que el grupo, sino que se aprende de cada uno de los componentes del grupo y de las conversaciones que se generan. 

No es coaching grupal: el facilitador no es en ningún caso un coach tratando de forma individual a cada participante, dentro de una dinámica de equipo. Ni haciendo coaching de equipo. Puede que la misma dinámica del grupo conduzca a la reflexión y a la acción, sí; pero no es coaching.

No es un grupo de networking: aunque los participantes pueden acabar generando relaciones para proyectos específicos fuera del grupo, no es este el objetivo.

aprendizaje y mastermind

El elemento principal de un grupo mastermind es el aprendizaje orgánico y peer-to-peer. Y por eso me parece tan fascinante. Hora y media (aprox) de conversación sobre un tema de interés común. Con una mínima agenda que actúa de hilo conductor, pero con la libertad de dejar que el debate siga un camino propio. 

De todo lo que aporta, destacaría 3 elementos básicos:

1. Una comunidad en torno a un tema de interés común. 

Otras personas como tú, con quien puedes compartir tus conocimientos sabiendo que son de interés para los demás, del mismo modo que puedes alimentarte de las aportaciones del resto. Aprendes por tu cuenta pero compartes inquietudes, dudas y logros. La inercia del grupo te anima a ir más lejos, a intentarlo. Te da la mano para que dejes la zona de confort y saltes.

La magia del grupo es uno de los mayores motivadores. Encontrar tu tribu de aprendizaje cambia totalmente el significado de reto, esfuerzo y logro.

2. Recursos.

Tanto materiales como inmateriales, porque puedes acceder a personas con habilidades diferentes y distintas visiones. Y esto, en si mismo, ya es una fuente inagotable de recursos de aprendizaje. 

Pero además, de ahí se desprenden recomendaciones de libros, artículos y otras fuentes más tangibles de contenido. Y todo, de forma exponencial. Porque cada participante enriquece las aportaciones que, combinadas, crecen. 

3. Avance.

El mayor reto cuando hablamos de aprender, es saber avanzar. Y, como planteo siempre desde mi metodología Lean Learning, para aprender, hay que aplicar. Las sesiones mastermind son una ocasión perfecta para activar lo aprendido: porque para compartir, para preguntar, para enriquecer, hay que poner en acción los contenidos que podemos tener en modo más pasivo.

El otro gran reto del proceso constante de aprendizaje es impedir que el miedo a fallar, el perfeccionismo, nos paralice. Aunque en el curso Learnability: aprende a aprender doy pautas para evitarlo, soy consciente de que luego, en el día a día, el trabajo es de uno consigo mismo. Y no siempre es fácil 🙂 

En eso, el grupo también ayuda: no sólo porque arropa, sino porque empuja. El compromiso que adquieres con el grupo te ayuda a avanzar. Definir retos de aprendizaje y tener un grupo que no te acepta las excusas, esas en las que a menudo somos expertos para con nosostros.

Tu tribu sabe que las excusas son sólo alternativas a los planes. Tu tribu te exigirá que cumplas, pero contigo: porque parte de su cometido es que superes tus retos.

Tan fácil y tan difícil como esto. Una tribu de aprendizaje, un interés compartido y un compromiso común. A partir de ahí, es la magia del grupo lo que hace que el aprendizaje, en un grupo mastermind, sea exponencial. 

Si quieres ser uno de los 10 participantes en el grupo de mastermind en Learnability, 

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Empezamos en enero 2021, 

¡para empezar el año con mindset de aprendedor!