“Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro”. El anhelo por saber, sobretodo cuando te mueve la curiosidad, hace que demasiado a menudo menospreciemos lo que sabemos.

La intención de este post es ayudarte a saber todo lo que sabes. Porque cuanto más consciente seas de ello, más aumentarás tu capacidad de aprendizaje.

cuidado con el Sobreaprendizaje

Estamos en un momento de sobreinformación, donde parece que siempre hay algo nuevo que leer; incluso de aquello que sabemos, podemos aprender más. O, como mínimo, seguir leyendo sin parar.

Esta inmensa cantidad de información, unida a la sensación (real, por otra parte) de que todo está cambiando y lo antiguo queda obsoleto, nos hace sentir que nunca es suficiente, que no llegamos, que siempre vamos tarde -o, como mínimo, un poco a rebufo. ¿Te resulta familiar?

Ojo, que leer y absorber está genial, ¡no seré yo quien diga lo contrario! Pero antes tienes que ser consciente de lo que ya sabes, porque sino corres el riesgo de sobreaprender, en vez de aprender. Porque es fácil, muy fácil, seguir leyendo de lo que ya sabes. Básicamente porque tu cerebro está muy a gusto leyendo cosas que conoce porque así no consume energía. Y tú también te sientes bien, porque entra en juego el sesgo de confirmación, que te reafirma en tu conocimiento. Te mantienes en una mullidita y amplia zona de confort en la que se está genial (que por algo se llama zona de confort).

Reconoce que si no sales de la zona de confort, es por miedo a no saber suficiente.

Pero reconoce que si no sales de la zona de confort, es por miedo a no saber suficiente. Parálisis por análisis, lo llaman en emprendimiento. Y es totalmente aplicable al aprendizaje.

Pero como explico siempre con mi metodología Lean Learning®, la tercera fase se llama GROW porque es después de aplicar el contenido, de exponerte, de atreverte, que creces y activas tu talento.

La buena noticia es que sabes más de lo que crees.

DE TÁCITO A EXPLÍCITO

Tu conocimiento es como un iceberg, donde la parte que se ve (lo ven los demás y también tú) es aquello que sabes y, además, eres consciente de que sabes. Es ese conocimiento que puedes listar que sabes. El “Know what”.

Pero por debajo está la parte grande del iceberg; y de tu conocimiento. Aquí está el “Know how”: aquellas cosas que haces casi sin pensar. Que sabes hacer pero no sabes explicar. Que haces de forma tan orgánica que ni siquiera le das importancia, ni siquiera lo consideras conocimiento. Es el conocimiento que llamamos tácito.

Para poder ser consciente de lo que sabes, debes convertir lo tácito en explícito. ¿Cómo? Explicando y aplicando lo que sabes.

“When you teach, you learn twice.” Kim Kwik

Explicando, ordenas conocimientos, le das estructura y esto de hace consciente de lo que sabes.

Aplicando, te demuestras a ti mismo que lo sabes, que puedes manejarte. Que no necesitas leer más sobre el tema, sino perfeccionar en la aplicación, si acaso.

¿Por qué?

Porque ser consciente de lo que sabes, te da la oportunidad de utilizarlo, de desarrollar tu potencial. De pisar fuerte, en vez de no atreverte ni siquiera a poner el pie. Te permite construir tu plan de aprendizaje a partir de tu conocimiento ya afianzado. Porque de este modo, aunque todos de repente aprendiéramos lo mismo, lo que llevamos en nuestra mochila mantendría nuestra singularidad.

Haz que tu aprendizaje esté en modo beta, en evolución constante. Atrévete a no saber. Pero, sobretodo, sé muy consciente de lo que sí sabes.

Atrévete a no saber. Pero, sobretodo, sé muy consciente de lo que sí sabes.

AUDITA TUS COnocimientos

Por eso, te propongo auditar tus conocimientos con estos 3 pasos:

  1. Haz una lista de todo lo que sabes. Saca mínimo 50 elementos, para asegurar que sale todo. Las habilidades más técnicas pero también las más transversales. Necesitas que salga primero lo obvio, lo explícito, para que poco a poco saques a relucir lo tácito. Piensa en tu día a día, en las cosas que haces: ¿qué es lo que te permite desarrollar esas tareas con facilidad? ¿Qué habilidades aplicas en eso que llevas años haciendo? Piensa también en esas que estás aprendiendo, esos temas sobre los que lees de forma continua, esos también valen. Sigue pensando: 50 como mínimo.
  2. Elige esos conocimientos que tienes identificados pero no estás usando por miedo, por reparo, por pensar que todavía no sabes suficiente. Sí, esos de los que sigues aprendiendo (o sobreaprendiendo). Y busca una manera de aplicarlos cuanto antes. Empieza a ponerlos en acción, compártelos, no te los guardes.
  3. Una vez tengas tus conocimientos listados, distribúyelos en una árbol de contenidos o mapa mental, para entender la extensión o profundidad de tus conocimientos: aquí, alguien con un perfil generalista probablemente tenga un árbol extenso pero no muy profundo, mientras que un especialista tendrá una copa pequeña pero con muchas ramas. El primero busca saber de muchos temas, aunque no profundice en ninguno; el segundo, sabe pocos temas pero con mucha profundidad.

Audita tus conocimientos para identificar tu perfil: ¿generalista o especialista? Los dos son buenos y necesarios, así que no te preocupes por el dibujo resultante de tu auditoría de conocimientos.

Mezclarás lo que sabes con lo que aprendas para que el resultado sea una propuesta de valor tuya, única, diferenciadora.

Al aterrizarlas en el papel, visualizarás mejor tu perfil. Y, sobretodo, podrás dibujar tu dirección: ¿hacia dónde quieres ir? 

¿Quieres especializarte pero eres generalista? Entonces elige el tema que te interesa y empieza a profundizar. 

¿Eres especialista y quieres ampliar tus conocimientos? Abre la mirada y explora diferentes opciones para tener una visión más global.

Lo importante es que entiendas que debes avanzar: lo que está dibujado es lo que sabes. Dale al Check y sigue. El contenido que aprendas a partir de ahora, debe ser nuevo, tanto si amplías en horizontal (generalista) como en vertical (especialista). Pero ahora juegas con ventaja, porque eres consciente de lo que sabes y lo aplicarás sobre el contenido nuevo casi sin darte cuenta. Lo mezclarás y combinarás para que el resultado sea una propuesta de valor tuya, única, diferenciadora.

Y es que esto, al final, es lo que activa, de verdad tu talento: combinar lo que sabes con lo que está por venir.

Así que antes de dar todo lo que sabes, por la mitad de lo que ignoras, audita tus conocimientos y asegúrate de cuánto sabes, no sea que salgas perdiendo en el cambio 🙂