Lo de que la información es poder, puede ser cierto en algunas ocasiones. El problema es que nos la hemos llevado a todos los terrenos durante demasiado tiempo.  También al aprendizaje. Y eso nos ha hecho creer que absorber todo el contenido nos hará más expertos. 

Y sí, necesitamos tener contenido, conocer la base teórica, tener datos a nuestro alcance…. pero todo esto, por valioso que sea, no nos servirá de nada si no sabemos cómo usarlo.

La aplicación de nuestro conocimiento será lo que activará nuestro talento.

Sin embargo, no es fácil aplicar lo que sabemos, porque nuestro proceso de aprendizaje habitual terminaba en la adquisición del conocimiento y en su explicación que, en muchas ocasiones, podía incluso ser en el mismo formato e incluso, en algunos casos, con las mismas palabras. 

Luego, claro, la vida profesional te va llevando por otros caminos y te fuerza a la aplicación. O más bien la ejecución de tareas para las que sientes que todo el contenido que almacenaste, tal vez ni siquiera te fue útil. Y que las tareas que tienes por delante requieren conocimiento que nunca obtuviste. 

Esto se debe, básicamente, a dos motivos:

  1. que ese conocimiento que adquiriste, tal vez lo almacenaste durante poco tiempo.
  2. que no aplicaste nunca ese contenido, ni siquiera en áreas directamente vinculadas. No hablemos ya de la traslación del conocimiento a otras áreas.

Por eso, cuando hablamos de aprender, nos referimos a aprender tal como requiere el nuevo entorno, que en bastante puntos difiere algo de cómo nos enseñaron a aprender.

¿Cómo aprender para la nueva era?

La aplicación de lo que sabemos requiere, básicamente:

1. Auditar qué sabemos e identificar qué necesitamos saber.

Ya no se trata de aprender para tener más títulos. Se trata de saber para resolver. Y, en la mayoría de los casos, necesitaremos saberlo rápido: el mundo va demasiado rápido como pararse a esperarnos. Por eso, es importante saber hacerte tu propio plan de aprendizaje: identificar qué necesitas saber, en qué profundidad y para cuándo.

Hemos crecido con programas cerrados, donde el contenido va en bloque. Con pocas opciones de configurarnos nuestro propio learning path, más allá de algunas asignaturas optativas. No existe la opción de elegir ciencias y filosofía o letras pero también biología. Vamos en packs a veces demasiado cerrados que compramos enteros.

Por eso, cuando toca hacernos nuestro propio itinerario, no sabemos por dónde empezar: no sabemos qué necesitamos o cuánto aprender de cada tema.

El primer paso en este nuevo aprendizaje, es ser conscientes de lo que ya sabemos e identificar lo que nos falta por aprender, per con el foco puesto en para qué necesitamos saberlo.

2. Aprender con rigor, almacenando de verdad el contenido útil.

El cerebro es altamente optimizador: no gasta energía para aprendizajes inútiles. Y aquí, para el cerebro el concepto inútil depende de la utilidad que entienda que tiene para ti. Si algo te emociona, aunque no lo vayas a usar, para el cerebro es útil, porque ha tocado un elemento importante para tu crecimiento, subsistencia o relación intra o interpersonal.

Por tanto, inútil sería aquel contenido que ni te emociona, ni lo necesitas, ni tienes intención de usar. Aquí, el cerebro desconecta y no tiene la más mínima intención de almacenarlo. Como mucho, si le insistes ‘machaconamente’ durante un buen rato, lo almacene temporalmente: si lo necesitas para el examen, lo almacenará hasta entonces. No más.

Pero si le explicas la utilidad de ese contenido, entenderá que debe guardarlo. ¿Cómo se lo explicas? Indicándole dónde vas a aplicar el contenido (y para ello, tendrás que  hacerlo, claro). Repitiendo de forma periódica el contenido (la técnica llamada retrieval). O vinculando el contenido a una emoción.

Emoción, para el cerebro, también es utilidad.

3. Aplicar sin miedo (o a pesar de él), tomando consciencia de que es muy probable que nos equivoquemos.

Cuando tienes que aplicar rápidamente, es probable que te equivoques. Primero, porque en muchas ocasiones tendrás que aplicar antes de sabértelo tan perfecto como tú querrías. Segundo, porque el mundo actual es ambiguo, rápido, cambiante y esto hace que tengas que decidir sin tener todos los datos ni teniendo la seguridad de que estos permanezcan todo el tiempo que querrías.

Además, si tenemos en cuenta que aplicando, aprendemos, la simple aplicación puede ser una buena técnica para afianzar conceptos e incluso para identificar qué más necesitas saber. 

Por tanto, toca cambiar el orden: learning by doing e, incluso, “learning after doing”. Da vértigo, claro. Pero es importante saber darle la vuelta y atrevernos.

Activa el modo beta y atrévete a equivocarte.

4. Reflexionar acerca de los errores cometidos en la aplicación.

Por supuesto que debemos perder el miedo al error…. pero al mismo tiempo intentar que no se repita: una vez cometido el fallo, deberemos saber identificar porqué nos hemos equivocado y cómo evitarlo la próxima vez. No vale seguir cometiendo el error de forma reiterada. Porque esto denota, clarísimamente, falta de aprendizaje.

Hay que saber reflexionar, evaluar, escuchar para poder corregir y, a partir de ahí, volver a aplicar. Y practicar el tiempo que necesitemos, hasta que lleguemos al punto de expertise que necesitemos. Es decir, que no siempre hace falta llegar a las 10.000 horas de práctica, como definió Malcolm Gladwell en un libro ‘Outliers’. porque no siempre queremos ser expertos hiper especialistas en algo. Pero deberemos saber definir qué nivel de experiencia queremos para lo que necesitamos en ese momento.  

Y, a partir de ahí, practicar hasta llegar a ese nivel con -eso sí- el máximo nivel de excelencia.

5. Despertar la mentalidad de crecimiento, venciendo nuestras creencias limitantes.

Habrás oído hablar de Carol Dweck y su libro ‘Mindset‘, en él habla de la mentalidad de crecimiento, versus la mentalidad fija. La primera es la que se enfoca en aprender, en la mejora constante. En añadir un “Not Yet” a aquello que no sabemos a hacer. A creernos capaces de cambiar las capacidades con las que nacimos. La mentalidad fija, en cambio, cree que el talento es innato, que no sirve de nada trabajarlo. De modo que si naces con talento, enhorabuena, siéntate y disfruta; pero si naces sin talento, no te esfuerces porque no hay nada que hacer.

Puedes deducir fácilmente con cuál podrás  crecer de verdad, ¿no?

Estas son las 5 habilidades que te permitirán activar tu talento a través del aprendizaje. TALENTO. Así, en mayúsculas. Donde el crecimiento es también personal. Y donde activamos todo nuestro potencial.

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